lunes, 8 de diciembre de 2008

Animus Revertendi

Todos somos animales, algunos racionales, otros absurdos, complicados u irreales. No me explico, no sé explicarme: ¿Por qué campo por mis fueros y rehuyo los cencerros? ¿Por qué me arranco cadenas y collares y rumio y rumio razones que sólo brotan en los abandonados barbechos? ¿Por qué elijo las cañadas, los desiertos y rehuyo de las autopistas o de tu bendita compañía? No sé que contarte. Pero, como animales que somos, apliquémonos los principios jurídicos que nos rigen. Refresquémonos, bebiendo de las viejas fuentes que manan del derecho romano. Recordemos que todos los animales nos clasificamos en tres categorías a efectos de su apropiación:
En primer lugar, los animales domésticos, aquellos que han perdido su respeto y están bajo la continua potestad de un amo, fieles como perros que retornan palos lanzados, tontos como ovejas pacientes, o enjaulados e insatisfechos como la mayoría de los humanos.
Mas allá, los animales fieros o salvajes (ferae bestiae) que, como tú, gozan de natural libertad y pueden ser apropiados por cualquiera que, como yo, disponga de la paciencia, de las malas artes, de la fuerza, del tesón suficiente para engañarte y conseguir que te dejes acariciar.
Finalmente, existen unas pocas especies que queremos vivir en el límite, entre dos aguas. Nos llaman animales amansados (mansuatae), gozamos de libertad, pero la acotamos de motu propio. Nos vanagloriamos de poseer eso que llaman animus revertendi, y mantenemos la costumbre de volver siempre a un dominio. Elegimos un dueño y volvemos siempre junto a él, como los gatos. Nuestro amo siempre teme nuestra perdida, no confía en nuestro inevitable retorno. A ese amo temeroso e inseguro, el derecho romano le otorga la propiedad del animal, ignorando que el animal ya le ha entregado, junto a sus vísceras, su alma.
Te busco, porque quiero volver a ti. No sé donde estás, no te conozco, pero quiero volver a ti desde todas mis trincheras. Unas veces fiero, otras cansado. Unas veces en busca de guerra, otras veces para ocultarme herido en tu abrazo. No temas, no dudes, soy un animal manso mi ánimo es revertendi.

jueves, 4 de diciembre de 2008

jueves, 20 de noviembre de 2008

El vuelo del grajo

Cuando el grajo vuela bajo, es sabido, hace un frío del carajo y yo me arrebujo en el refugio de tu calido regazo. Santa Calefacción protégeme de la congelación. Virgen de la Pura Lana guárdame bajo tu manta.
Carámbanos amenazan en los tejados. Vientos hipohuracanados ululan terribles al caer la tarde. Y todavía avanza a lo lejos el viejo general invierno. Pero ya se me eriza la piel nada más, en la santa calle, poner el pie. Corta el frío que corta el avance de mi bicicleta, los dedos se me hielan, la piel se me cuartea. Aparco y corro por las calles, veloz pegado a las paredes, vigilante en las esquinas y los cruces para esquivar las corrientes traicioneras hasta que llego a tu sofá.
A tu sofá, a tu sofá, a meterme bajo tu manta, donde se multiplican las manos y se confunde lo tuyo y lo mío, donde tu urgencia me hace entrar en calor, donde tu frío arranca mi ropa, donde cuanto más desnudo más llego a sudar, donde todo lo que no naufraga en nuestra nave sobra, donde el tiempo se detiene o pasa en un santiamén, donde me olvido de mi tiránica razón y tu despiertas mi atávica imaginación, donde inventamos una y otra vez los juegos reunidos geyper, donde la historia no tiene ni principio ni fin y la lógica tiene reservado el derecho de admisión.
Ahora, todavía me queda un rato para volver, pero escucho silbar al viento y me imagino el frío que sacude la calle y te veo ya en casa y sólo con eso me inflamo, ardo. Bendito invierno que acaba con las ganas de salir. Dame frío y más frío, dame diciembre, lléname de besos los días cortos de enero, las largas noches de febrero.
Ilustración de Victoria Francés
A la chica del elefante de piedra

martes, 11 de noviembre de 2008

México Desorden General

Güero, güero, güerito welcome to México lindo, donde todo lo que deseas lo puedes comprar a diez pesitos en la ambulante o en abarrotes Treshermanos. Y para lo que la bolsa no llega, ruega a San Antonio de Padua, la Virgen de Guadalupe o San Judas Tadeo, que franquicias de la santaiglesia donde hacerse una limpia no faltan.
México donde nada de lo anunciado parece ocurrir, donde las promesas están siempre vacías. Donde la vida, llena de lágrimas, como canta Lila Downs, no vale nada y la muerte, para compensar, es el todo, es pura fiesta.
México a medio deshacer. México desordenado donde las ciudades no tienen principio, no se acaban, no tienen fin. Donde el espacio es infinito, la centralidad se desprecia y el suelo no vale nada.
México donde el ahorita mismo se eterniza, donde no hay dinero para pagar las prisas, donde el tiempo sobra. México donde los artesanos gastan horas que nadie paga, donde sobran las manos que nadie emplea en hacer todas las cosas que falta hacen.
México donde no hacen falta motivos para fiestas: calaveritas, calendas y carnavales. Donde ahorita mismo con unas chelas se organiza un reventón. Donde trago de tequila arriba, calle abajo, las chicas me sacan a bailar por puro güerito.
México estruendo de mariachi, cumbia tejana, son, calinda. Donde la gente no baila, donde nadie aplaude al artista.
México donde el sol cae a plomo y ciega el horizonte infinito. México de noches frías.
México de pueblos sin luz junto a playas vírgenes donde se esconden mediocres europeos agujereados en búsqueda de algo de glamour.
Y Oaxaca linda llena de mundos diferentes que hablan otras lenguas. Y San Cristobal de las Casas donde los Europeos vampirizan un mito encapuchado hace tiempo aletargado; donde los pobres gracias al turismo respiran un poco. México donde buceo entre peces de colores mientras me cuentas que llueve sobre mi lejano hogar.
Y Diego Rivera y Sequeiros pintando verdades en grandes murales. Y el Subcomandante, Pancho Villa, Viva Zapata gritando: tierra y libertad. Y los últimos cuatro comunistas vivos que sobrevieron a los ferrocarriles gritando por los magnavoces del zócalo: ¿quién perdió la esperanza? ¿qué charro vendió la revolución?
México de pirámides aztecas bajo iglesias coloniales, de rascacielos, terremotos y catedrales.
México de topes y vibradores, donde las carreteras alejan más que acercan, de autopistas de un sólo carril para ambos sentido de la circulación. México donde las casas habitadas parecen caerse y nada difiere de Bagdag.
México que ya quedó atrás. Y Moctezuma bailando entre mis tripas. Adiós huachinangos, chiles, tortitas, frijoles. Adiós desorden general. Ves haciéndome hueco que ahorita me regreso.

jueves, 23 de octubre de 2008

Torpes malabares

No puedo correr, no sé. Torpe como soy: Si corro, me tropiezo. Si corro, pierdo las cosas. Esas cosas tan delicadas que recojo, que tomo en mis manos. Esas cosas que requieren cuidados, que reclaman atenciones.
Con suerte en medio de la carrera, respiro, pienso: Necesito pararme. Darle tiempo al tiempo. Darle cuerda a mi cuerpo extenuado.
En mis manos tan pequeñas caben tan pocas cosas, que cuando ambiciono albergar varías al mismo tiempo, no puedo, no caben. Debo lanzarlas al aire, como si me quemaran, como si hiciera malabares, en tan inestable equilibrio.
Pero no tengo destreza, no sé. Torpe como soy: Si lo intento, me trastabillo. Si lo intento, las cosas que recojo en mi camino caen al suelo e incluso, a veces, alguna se hace añicos.
Pero es imposible no correr. Es impensable no recoger los hallazgos que nos ofrece el camino. Es necesario ser un buen malabarista, me advierten, incluso a veces un trilero. Y yo que soy torpe, os advierto: que aunque quiera abarcar mucho, nunca os será suficiente.
Es un carrera perdida, es un equilibrio imposible, pero al final, bañado en sudor, extenuado, en medio del estropicio, nuevamente sonrío, por otra vez haberlo intentado, por no rendirme ante lo imposible.

domingo, 19 de octubre de 2008

A todos ellos, de Princesa Inca


Te he descubierto Princesa, sin querer, arrastrando el domingo en las páginas del país. Me despertaron tus palabras, que ahora sé donde buscarlas, para cuando sea menester transcribirlas, copiarlas, contarlas, usarlas...
A todos ellos,
A los que se quedaron dormidos en el nunca,
a los que sueñan sus verdades y se las niegan,
a los que tienen mucho miedo,
y lloran por cualquier cosay se ocultan la cara de vergüenza.
A los tímidos, a los solos, a los raros,
a los que dudan y dudan y les llaman inmaduros, débiles.
A los que duermen en la fría cama del psiquiátrico,
a las madres que cogen la mano de su hijo ingresado,
os digo que no nos vendan verdades,
que la verdad no existe,
la verdad y la razón son creaciones del hombre
para doler, para medir.

Hay que luchar contra el silencio,
y la ignorancia, no somos enfermos.
Quién tiene la verdad absoluta, la realidad absoluta,
que la muestre, que la enseñe si puede,
es mentira, mentira, no existe.
A los que llevan cicatrices de haberse rajado las venas,
a los que consiguieron no rajárselas,
a los que les paraliza la angustia,
les paraliza para ser, amar, soñar,
a los que llaman vagos, idiotas, locos, débiles.
No escuchéis la voz de los que viven solo para tener
A los que, la ansiedad, les hace fumar dos paquetes diarios,
a los que no son sociables, ni aptos, ni lúcidos,
ni extrovertidos, ni empáticos, ni asertivos, ni normales,
a los que nunca superaran un test psicotécnico,
a los que llevan medicación en el bolso y el monedero vacío,
a los que ahora están atados a una cama y no nos oyen,
a los psiquiatras que abrazan a sus pacientes
y pidieron alguna vez consejo a un esquizofrénico,
A los que tenemos certificado de disminución
y leemos a Lorca y a Nietszche y lo que haga falta,
a los que no soportaron el túnel y se fueron para siempre,
a los que atravesamos cada día el túnel
agarrados aunque sea a las paredes negras,
a todos los que saben o quieren escucharnos,
y no se fían sólo de los manuales, libros, tesis,
estudios y estadísticas,
a los psicólogos que dan besos,
A los que hemos pasado ya el infierno y el cielo
y no queremos volver nunca más allí.
A los que roban dolor y devuelven sonrisas, dice Sabina.
Y sobretodo
a todas esas pupilas dilatadas de tanta químicaque miran aturdidas y absortas
pero tienen la luz más hermosa
"Que no existe la locura sino gente que sueña despierta"

martes, 7 de octubre de 2008

Esteremos muertos toda la eternidad

En pleno otoño caen como hojas todos los bancos donde nos esconden su dinero. Nuevo lunes negro. Y aparecen en todos los altares los mentirosos llamando a la tranquilidad. Dicen que nada ha cambiado. Nos convencen por la tele de que todo sigue igual, de que vale la pena defender sus cuentas, de que nos vayamos pronto a la cama para descansar y mañana bien temprano a trabajar. Pero miro mis bolsillos vacíos y sonrío. Pues no tengo nada. Nada que perder.
Es la bolsa la que gira. Es la bolsa la que cae. Yo mantengo firme la posición, que las noches de crisis siempre fueron frías, sólo necesito tu calor. Y desde lejos, nos llaman a apretarse el cinturón, ¿te suena la canción? Pero a mi que más me da que se desmoroné el Ibex, el Nikei o el Down Jones, si yo sé donde invertir mi tiempo, donde mover el cuerpo. Ahora estoy preparado, pues soy un copiloto con un master en caídas y cuento con expertos capaces de cagarla y reírse en el intento. Y cuento con tu mirada y con sus sonrisas. Y me río de sus nervios, porque son sus equilibrios y mentiras las que caen. Que mis sueños y tu sueños no se han roto, porque estamos aquí juntos. Estamos vivos, del bando de los vivos, de los que caminan y tropiezan al andar. Somos únicos, como el amanecer, como los copos, como el placer. Y sin prisas, tal vez mañana, debemos ponernos a correr, sacudirnos el polvo y las anclas que nos apartan del camino, porque el tiempo no se para, porque nos quedan cuatro días, porque somos lo único que importa. Y somos lo importante, somos los días que nos quedan, mirarnos a la cara, entregar el cuerpo y alma. Dale gas. Dejarnos la piel en el intento, comerte cada día, no guardar fuerzas por si acaso, no dejarnos nada, porque dentro de un momento, dentro de unos días, desapareceremos todos, calzando una sonrisa, y luego de nosotros llegarán muchos más, ocuparán nuestras casas y, como nosotros, se enamorarán. Gracias a nosotros, que seremos su ejemplo, se enamoraran. Y sobreviviremos, si les dejamos algo. No nos menospreciemos, pues los que vengan detrás contaran como vivimos todos los lunes como si fueran festivos, como al irnos no nos llevamos nada, los bolsillos vacíos, los corazones desgastados. Atrévete mi niña y dale gas. Ahora hay tiempo. Luego, estaremos muertos toda la eternidad.
Parafraseando a Facto de la Fe y las Flores Azules