miércoles, 17 de marzo de 2010

La libertad en el vacío

En principio, podría pensarse que moverse o avanzar en el vacío debería ser más fácil, más cómodo y menos cansado que en una atmósfera gravitacional, ya que nada ni nadie opone la más mínima resistencia a nuestro avance o a nuestras intenciones, y que, en ausencia de peso, deberíamos movernos gráciles y livianos. Pero, todo lo contrario, en el vacío el desplazamiento es casi imposible. Nada te sustenta, nadie te sostiene y, en ausencia de puntos de apoyo o agarres, el movimiento es imposible.
Nada nos detiene, no existen arenas movedizas, ni oscuras ciénagas, ni imbrincadas junglas en el vacío que dificulten nuestros pasos, pero el avance es casi un sueño, escapar casi una quimera.
Sin ayuda alguna del exterior, sin soporte para una palanca, todo movimiento depende exclusivamente de la energía interior de los cuerpos suspendidos o, en último caso, de la fortuna de ser atraído por un campo gravitatorio que pase por allí.
El astronauta en sus paseos espaciales conoce el peligro y se aferra a los vínculos que le salvaguardan del vacío, pues desconfía de su energía interior y, más aún, de la benevolencia de los cuerpos celestes.
En el mismo sentido la libertad absoluta también impide nuestro movimiento y el desarraigo nos atenaza. El exceso de opciones ciega nuestra capacidad de elección y provoca la inmovilidad. Así, el nómada que no tiene nada, no puede desearlo todo, sino quiere condenarse a caminar en círculos hasta su extenuación. Eso dicen que dicen los posos del café suspendidos en mi taza vacía. Pero yo todavía no me he apurado.

sábado, 13 de marzo de 2010

1ª lección de marxismo emocional

“Los hombres, a quien pierde el deseo, harían bien en limitarse a sus necesidades”, nos dice Karl Marx, sin temer que hombres y mujeres se pierdan en la concupiscencia y se olviden de los medios de producción, acabando con el sistema, sin necesitar de la revolución.
Pero Marx en La ideología alemana ya nos advierte que la zanahoria nos impide ver el presente. El hombre que gracias a su intelecto se ha liberado del yugo de la naturaleza, no debería tener ningún problema para satisfacer sus necesidades. Gracias a las máquinas, podría liberarse, poco a poco, del castigo divino del trabajo. Pero el deseo aboca a la humanidad a la desigualdad, a la injusticia y el hambre. El deseo a la de acumulación nos conduce al saqueo y la infelicidad de la humanidad.
Y a nivel individual, el deseo es lo que no tenemos, nuestras expectativas, aquello a lo que aspiramos. El deseo es aquello por lo que nos dejamos la piel trabajando, lo que nos hace olvidar nuestros principios y, si es necesario, vender a nuestra propia madre.
El deseo es siempre algo más de lo que tenemos. El deseo es ese desajuste de origen que nos impide estar acordes con lo que tenemos. Buscar más allá. El deseo ha movido el mundo y creado el arte. El deseo ha arruinado la vida a los mortales, porque la vida basada en los deseos carece de sentido, al ser ajena de la realidad.
Cubrir las necesidades nos daría muchísimo menos trabajo. Nos costaría mucho menos dinero. Muy barato nos saldría obtener un poco de comida, un techo donde guarecernos, algo con que abrigarnos y miles de juegos con que entretenernos.
Pero el sistema se ha dotado miles de objetos de nuestro deseo, que nos tienen atados a la noria y nos obliga a trabajar. Más grande, más nuevo, más caro.
Y, en las emociones. El deseo está siempre en alguna otra parte. Lo mejor es enemigo de lo bueno. Poco trabajo nos daría ser feliz con quiere serlo a nuestro lado. Escapamos a la detención del tiempo, corriendo en busca de lo que no tenemos, porque lo que no tenemos no tiene los inconvenientes que tiene la realidad.

jueves, 4 de marzo de 2010

Extraviado en el crucigrama








Todos estos días he extraviado la mirada,
no hallaba a nadie, no encontraba nada.
Todos estos días he perdido la mirada,
no sabía a dónde iba, por donde caminaba.

Círculos concéntricos, vueltas sin sentido.
Preguntas silenciadas, llamadas sin respuesta.
Ausencia de palabras en el diccionario,
Ninguna entrada en la Wikipedia.

Maldito crucigrama, puñetero sudoko,
dónde guardo la clave para entenderme por entero.
Santo cielo estoy perplejo,
de que entre tanto aficionado, nadie me dé un consejo.

Todos estas noches he extraviado la sonrisa,
no bailaba en la cocina, todo lo hacia con prisa.
Todos estos días he perdido la palabra,
no piropeaba a las abuelas, a nadie contaba nada.

Preguntas retóricas, diálogos de besugo,
multas de tráfico, recibos impagados.
Ni una prenda limpia en el armario,
Ni restos de migas del salario.

Santo cielo desajustado, estoy perplejo y azorado.
Incomprensible orden natural que gobiernas las cosas,
haz que en veinte días vuelva la primavera a mi lado,
que el planeta no para de dar vueltas…
y estoy asustado.

sábado, 27 de febrero de 2010

Celebración de la nada

Otro sábado: Horóscopo poco propicio. Climatología adversa. Txirimiri inofensivo ante la sequía que cuartea mi piel. Lluvia molesta que humedece mis ropas, apretándolas, aún más, contra mi piel claustrofóbica. Calabobos que me impide atravesar la ciudad silbando sobre la bicicleta, tras la sensación de fuga de mi mismo, en búsqueda de una huída hacia ninguna parte.
Poca luz. Poca gente en los parques. Durante la semana, ninguna victoria.
Aún así, vida:
Miles de transeúntes esquivándose para no colisionar. Miles de peatones cruzando sus trayectorias a la nuestra. Y tras sus anónimos rostros grises o apresurados, agazapada vida, descarada vida: penas, preocupaciones, aburrimiento, respiraciones, pasiones,… alegrías.
Y sin pensar en nada, allí, junto a ti, la Vida.
Aún intentando mantener la mente en blanco, cientos de personas atraviesan tu cerebro, protagonizando recuerdos, anhelos, deseos.
Y al margen de tu control, mientras cruzas las calles o atraviesas las páginas en blanco, apareces y desapareces de los cerebros de unos u otros. Independiente Vida que camina sin preguntar, sin pedir permiso, sin esperar.
Quizás mañana te diga alguien: -Ayer pensé en ti.
Y, como sobre la calle cae fina y parsimoniosa la lluvia lenta, sobre mis huesos cae parsimonioso y húmedo el tiempo. Nada más que tiempo lento, sin música.
Aún así, vida. Así, vida.
Hoy de momento, nada más que celebrar. Sólo la Vida.
Fotografia: Jhononabike

sábado, 20 de febrero de 2010

La transcendencia del vendedor de futuro

El ser humano es el único animal conocido que ha escapado del presente continuo en el que residen el resto de las alimañas. Es consciente del pasado ya acontecido: puede enorgullecerse de los meritos acumulados, al tiempo que debe padecer los remordimientos cultivados.
Pero más intrigante que el relato del pasado e, incluso, más sabroso que el deleite del presente, es disfrutar con la invención del futuro, más aún, con la reinvención, a cada instante, de nuevos futuros como apuestas determinantes, como esperanzas constantes.
Pero el relato del futuro que escuchamos, o queremos escuchar, va más allá de un pronóstico fundamentado en un pormenorizado análisis de secuencias, variables y probabilidades. Las proyecciones y horizontes que barajan estadísticos y matemáticos a nadie satisfacen. Se convierten en especulaciones y estrategias de futuro en cuanto caen en las manos de los gestores de lo privado y de lo público. Se transforman en mera futurología de salón cuando los mismos datos distorsionados llegan al simple peatón, abrumado por la necesidad de tomar una importante decisión (cambio de trabajo, compra de un inmueble, elección de un partner para iniciar una relación). Y se vuelven la única esperanza, a la que se aferran como a un clavo ardiente, los desesperados, que en ausencia de un presente valido, siempre esperan cambios radicales en los próximos instantes.
Es en este punto, en el que se evidencia la trascendencia social de los vendedores de futuro para la vida de los humanos. Pues en nuestra pequeñez, en nuestra inseguridad congénita, en nuestra cobardía intrinseca exigimos a los contadores del cuento futuro que nos garanticen que el sol volverá a salir mañana, que después de este domingo volverá a ser lunes otra vez.
Es esa promesa de normalidad, la que nos permite levantarnos cada día para ir trabajar de sol a sol, pagar la hipoteca o ahorrar, sabiendo que no habrá ningún corralito que evapore nuestros esfuerzos. Es ese relato el que nos permite seguir con nuestras vanas tareas diarias, porque de momento no es urgente ponerse ahora mismo a follar como malditos, ya que a pesar de la crisis, el mundo no se va a acabar.
Exigimos que por decreto mañana haga sol y buen tiempo. Exigimos que nos cuenten mentiras los políticos, porque la salud del PIB no depende de los datos estadísticos si no de la sensación de confianza de la población. Porque si nos dicen que mañana será jauja, gastaremos como locos sin ahorrar nada, porque si nos dicen que mañana llega el Apocalipsis se colapsa el sistema porque nos escondemos hibernados en nuestra madriguera y los hámsters humanos no mueven la rueda… no producen… no gastan… y quiebra el sistema.
Exigimos a nuestra pareja la promesa de amor eterno, de fidelidad constante y le advertimos que de ser infiel, calle. No queremos saber la verdad, porque sólo la creencia en un futuro mejor garantiza su existencia.
Ilustración: Shaun Tan

domingo, 14 de febrero de 2010

Oración de la elocuencia

Santísima trinidad:
inspiración, elocuencia y concreción
ten piedad de este vuestro humilde servidor.
Musas volved a visitarme,
que está a punto de vaciarse el refrigerador.
Traed bien repletos vuestros tuppers,
que no sé que decir, ni que contar.

Deseo que sea una razón exógena.
Pero llevo días que cada vez que me enfrento al folio en blanco,
pierdo el pulso por KO y salgo con el ego amoratado.

Que se me traban los dedos sobre las teclas llenas de aristas.
Que me cuesta acercar un verbo a un sujeto, arrimar un adjetivo a un sustantivo.
Que todas las palabras se repelen entre sí,
como si acercase imanes por el polo equivocado.
Que las frases, ya formadas, han dejado de tomar mi cerebro al asalto.

Debe ser el invierno.
Debe ser el sueño que arrastro.
Deben ser las prisas que me empujan de un sitio a otro,
sin darme lugar ni para la reflexión, ni para lo inútil,
inútil, pero tan necesario.
Debe ser la crisis o la deflación.
Debe ser por la arritmia de mi deshabitado corazón.

Dame fuerzas Virgencita de los Pisapapeles, patrona de los deslenguados,
Santas Labia, Prosa i Verbigracia,
Santos Charlatán, Monólogo y Desparpajo,
a vosotras acerco mis cirios
a vosotros yo me encomiendo.
¿Qué decir que signifique algo?
¿que contar que tenga gracia?
Por amor al verbo, acercarme las palabras.

viernes, 12 de febrero de 2010

Marcas blancas




















Ilustración: El Roto