jueves, 26 de agosto de 2010

Os cargaré sobre mis hombros

Si hace falta, cargaré sobre mis hombros la pesada bola del sol hasta conseguir un nuevo amanecer y empujaré con una palanca hasta hacer girar un día más a esta cansada tierra.
Si me obligáis, pintaré ojos de colores inusitados sobre vuestros parpados cerrados y esculpiré amplias sonrisas en vuestros fruncidos labios. Y si continuáis mudos, os recitaré afiladas palabras, revolucionarias palabras a gritos, mi boca bien pegada a vuestras orejas tapiadas.
Si vuestro olvido me provoca, derramaré sobre vuestros cerebros sin actividad viejas buenas ideas abandonadas sobre la bondad, la alegría, el amor y los juegos. Si aún así continuáis caminando arrastrando los pies, balanceándoos como zombies, os obligaré a enamoraos padeciendo mil mariposas en vuestros estómagos contentos e enchiré de deseo vuestros flácidos sexos.
Si aún así, seguís inermes, no me dejaréis otra que recoged vuestros sueños rotos, vuestros sueños olvidados, vuestras ilusiones traicionadas, vuestras esperanzas perdidas y, con todo su polvo acumulado, os las haré tragar.
Pero sólo hay algo que es bien seguro, no os permitiré mirar con astío al futuro, con desdén al presente, con aburrimiento al pasado. No os permitiré traicionar a los monos, ni a vuestros antepasados. Os cogeré de la nuca y os haré mirar de frente, a los ojos, a cada uno de los colores, a cada uno de los matices, a ver si de una vez por todas reconocéis vuestra suerte: Estar aquí, ahora. Que aún os dejemos estar entre nosotros, los que aún estamos vivos, reímos y bailamos.
Fotografía: Joey L

jueves, 15 de julio de 2010

La costra del pan

Después de amasar la harina y dejar fermentar la masa con esmero, el artesano introduce el bolo en el horno, allí dentro del infierno, a fuego lento, lamido por el cariño de las llamas se cuece el pan. Todo uno, crujiente costra protegiendo a la blanca y esponjosa miga. Duro envolviendo lo blando. Humilde manjar que ha alimentado a la humanidad y lo ha acompañado en su largo camino zigzagueante que le ha conducido hasta aquí, tan lejos. Y recuerdo como nuestras madres nos mandaban a buscar las barras recién horneadas a los hornos del barrio y como nunca llegaban estas barras intactas a casa, como en el camino desaparecía el corrusco, lo más cocido, lo más duro, habituándonos a roer. Pero ahora, nos gusta el pan de molde, blando, sólo miga, obligando a los industriales a tirar toneladas de cortezas, pura merma. Finos nos hemos vuelto.

Así, como nosotros nos comportamos, se porta la sociedad con nosotros. Nos olvidamos de lo duro. Miramos para otro lado e, incluso, con un poco de suerte nos olvidamos de su existencia latente. Merma inservible que tiramos a la basura. Miles de jóvenes que no sabemos educar y que cuando se acaba el trabajo de yunteros (peones, camineros, camareros) caen en la desesperación y en el paro. Jóvenes ignorantes que envejecen en barrios periféricos que es muy fácil de sortear si sólo paseas por la Gran Vía. Jóvenes envejecidos sin haber aprendido a escribir correctamente, a entender una ley, a exigir un recurso al que tienen derecho, a defenderse mutando en gusano a base de una nueva formación. Merma que se tira directamente a la basura. Dura corteza demasiado insulsa para nuestro paladar. Merma asumible para el sistema, que cree que puede subsistir desperdiciándonos, porque lo único precioso y preciado es la inmaculada miga. Pero despierta, observa, al contrario que con el pan de molde el volumen de lo desperdiciado es mucho, lo protegido es poco. Casi todos somos corteza, no valemos nada, podemos ser mermados. Sólo 4 se definen miga. Sólo 4 mojan.

miércoles, 7 de julio de 2010

animalferotgesabedorquehademorir

Com l’estiu,
sóc un animalferotgesabedorquehademorirenpoctemps
i cremo els dies sobre les nits,
i no dormo sense caure dormit,
i he de respondre com animal ferit,
i atacar tot el que es mou abans de morir,
i ballo en totes les revetlles,
menjo de totes les fruites,
sense marcar-me cap més fita
que la meva llum extingir.

Com el goig,
sóc un mugródenoiaal’entraral’aiguafreda,
punxant com un instant,
i duro el que la brisa freda sobre el prat cremat,
i tot en la meva ment es revoluciona,
i tot en la meva pell s’eriça,
i imagino que ballo en totes les festes,
i bec de totes les copes
sense pensar en cap més fita
que la de perdre’m,
diluir-me i deixar d’existir.

Com un nen,
sóc un àngelcaigutmaldestrealcaminar
I ric com un babau innocent.
I entremaliat,
no recordo allò que creies que m’havies ensenyat.
Rauxa efímera que segresta el teu seny,
carnaval que penetra la quaresma.
I recordo com era enlairar-me,
i sobrevolar totes les revetlles,
sense recordar més fita
que la de evaporar-me, mesclar-me
i ser lluent quan arribi la fi.
Fotografia:Lara Alegre

sábado, 3 de julio de 2010

Kalmita Berlinade

Berlín: Ciudad derruida, devastada, sin casco antiguo de postín y barrios modernos con edificios de apellido ilustre, donde, sin lugar a duda, son los edificios okupados, que encuentras en los huecos de los patios de manzana, rellenos de impulsiva creatividad, la primera atracción de la ciudad. En cualquier pared, un graffiti gritando; en cualquier espacio muerto y resucitado, un artista creando desde su soledad; en cualquier grieta, de espaldas al pensamiento único, sin sentido y sin norte, una fiesta, una cerveza…. cualquier otra cosa diferente o similar.

Berlín: Ciudad dónde nadie corre y los rostros no parecen abotargados por el estrés; donde sus ciudadanos visten como quieren, con prendas de segunda mano, que reinventan a sus nuevos propietarios, que se estiran cual lagartijas sobre el primer metro cuadrado de hierba que encuentran con el objetivo imposible de broncear sus carnes. Ciudadanos que juegan con sus hijos en los parques y te miran mal si no dejas de trabajar para mimarlos.

¿De dónde vienen? ¿por dónde han pasado? para haber aprendido que el dinero no es importante, que no sirve para nada un coche, que la moda debe permanecer cautiva en la revista, que sólo el tiempo es un tesoro, que lo importante está frente a uno, alrededor de uno, o como muy lejos, dentro de uno. Donde las obligaciones no mueven nada, y sólo una cerveza los arrastra.

miércoles, 30 de junio de 2010

domingo, 20 de junio de 2010

Sin más

Llegas y detienes el tiempo. Subrepticiamente, levantas diques para separarnos del devenir, y la vida se estanca. Flota en medio de tu deriva mi lecho, como una isla. Profundo océano de aguas calmas, de aguas cálidas, que se extiende bajo un intenso cielo azul, sin señales de un horizonte próximo, donde la costa ni se imagina.

En la bajamar mi cuerpo como seco arrecife te aguarda, como molusco hambriento te espera. Naufrago sediento aguarda tu retorno a su orilla. Hasta que, sin más, tus tropas desembarcan en mi playa, toman posiciones, borran antiguas huellas y mensajes escritos en la arena, refrescan mis pies, despiertan mis tentáculos, se filtran por las grietas de las rocas, sumergen mis defensas, remolinan mis cabellos.

Y en la pleamar soporto tus envites, tus olas me erosionan, tu espuma se seca sobre mi piel grabando tatuajes efímeros de significado encriptado.

Flujo y reflujo. Constante y continuo.

Y tras el temporal, tu calma. Tus aguas arrastran hasta mis costas los restos de tu propio naufragio. Y en mis antiguas arenas, languidecen tus horas. Sin más, sin hacer nada más.

jueves, 10 de junio de 2010

Voracidad

Nada sacia a la bestia. Su apetito es infinito y continuo. El hambre la tortura de tal modo que le impide cualquier recato. Debemos descartar que se imponga cualquier límite, debemos desdeñar que respete ni lo más sagrado. Devora a nuestras hijas, no hace ascos a nuestras ancianas. Las mandíbulas del monstruo no pueden ni por un segundo dejar de mascar, parar de triturar. Y si un día acaba con todos y cada uno de nosotros, no dudará en fagocitar a sus hijos. E incluso cuando ya no quede nada lo veremos consumirse asimismo, empezando por sus pies. Tal es su ansía.
Temed. Este monstruo es real y nos rodea. Ya nos devora, nos exprime, nos sustenta y nos absorbe. El sistema capitalista dirige nuestras vidas, mientras nos digiere. Su voracidad no tiene límite. ¿Qué puede satisfacer a los capitalistas que no pueden gastar sus fortunas ni en miles de años que vivieran? ¿Qué gula les domina para que aún saciados continúen sangrándonos y desgarrando el planeta?
Estos pocos hasta dónde llevaran el sufrimiento impuesto a tantos, un sacrificio que tan poca satisfacción les provoca. Ya han dejado a ¾ partes de la humanidad bajo el umbral de la pobreza, ya condenan a miles de niños recién nacidos al hambre en vida, ya extienden su sufrimiento cada día a más países, y atacan constantemente cualquier construcción del estado del bienestar hasta en Europa, sacrificando la salud de nuestros enfermos, las pensiones de nuestros viejos, la educación de nuestros hijos.
¿Hasta cuándo los muchos atemorizados, como en los cuentos, llevaran de motu propio a sus vírgenes maniatadas a la entrada de la guarida de la alimaña? ¿Cuál será el esfuerzo máximo que podrá sostener el vulgo antes de crujirse, transformarse y devolver el golpe a dentelladas?¿Quiénes son los sabios que recomiendan a nuestros débiles y míseros gobiernos que nos aprieten las tuercas? ¿Quiénes los eligen, los señalan y los proclaman sabios? ¿Quiénes y por qué les pagan para que den siempre los mismos consejos y apliquen la misma receta a base de aceite de ricino a todos los países desdichados? Y sobre todo ¿dónde viven, por dónde pasean, dónde juegan esas sierpes? ¿Cuáles son los nidos ponzoñosos que debemos quemar o hacer volar? Señalémoslos. Marquemos a las alimañas para que no se acerquen a nosotros, para que les teman nuestros niños y crezcan aprendiendo a tirarles piedras. Eduquemos la ira del pueblo para que, sensato, se enfrente a la hidra.