domingo, 16 de enero de 2011

Cuentos de Minuto, V

Caperucita y el minuto feroz. Acostumbrada a hacer caso a las instrucciones, consejos y advertencias de su mamá, así como a cumplir a pies juntillas con las buenas costumbres, la joven de rojo no estaba preparada para enfrentarse a un Minuto así. En un cerrar de ojos, su entrepierna se licuaba, sus bragas se enredaban en uno de sus tobillos y era estrechada salvajemente entre los brazos del desconocido y llenada de efímero tiempo. Desde entonces Caperucita se volvió feroz y sorbía la vida en cada segundo que se le cruzaba.

lunes, 10 de enero de 2011

El alienígena interior

Contrariamente a la creencia más extendida, el mundo que habitamos no es uno, sino un conjunto de espacios concéntricos que difícil y esporádicamente tocan entre sí. A diferencia de lo que reflejan los atlas, explica la Wikipedia, o exponen las estadísticas oficiales su espacio no es continuo y su población no es constante, ni comparable.
Nuestro planeta está habitado por diferentes especies de humanoides que no tienen nada que ver entre sí, pero que en una primera aproximación, que no pretende ser completa, podemos diferenciar entre céntricos y excéntricos. Los primeros son pocos y tienden a menguar. Los segundos son muchos, en constante crecimiento y totalmente prescindibles. Pero una característica es común en los primeros y los segundos: pocos de estos pollos se reconocen como miembros del grupo al que pertenecen.
Nuestro planeta está compuesto de un espació discontinuo cada vez más homogéneo, donde la variedad paisajista y la biodiversidad son lujos superfluos, y miles de noespacios ocultos, que nadie entiende como no llegan a desparecer, a pesar de su urgencia y necesidad.
Pero la principal maravilla que ofrece nuestro planeta al visitante es la singular y equívoca interpretación que hacen los terráqueos de su posición: todos creen ser céntricos y habitar en el ombligo del mundo, cuando la mayoría de ellos son anónimos y mueren en una esquina del silencioso olvido.
Fuera de nuestro reducido campo de visión donde ocurren las cosas importantes, se proclaman presidentes, cesan gobiernos, premian a cantantes, se casan las estrellas con los magnates, vibran las almas con el último tanto del primer combate, en definitiva, ocurre la vida.
Mientras rugen los vulgares en medio de la crisis aterridos de miedo y frío, son cuarenta los ladrones, que los necios llaman mercados, los que manejan las direcciones de los vientos. Mientras mueren de hambre los niños en los desiertos, se venden mujeres en las trastiendas y se comercia con armas en los restaurantes de fino copete, los ingenuos piensan que todos los hombres tienen los mismos derechos.
Fuera de las cámaras, en suntuosos despachos de Davos, se escribe la derrota de la órbita que moverá el mundo. Ajeno a los papeles, en oscuros recovecos, se decide sobre la vida y la muerte de los humildes, de los prescindibles. Nadie se extraña del naufragio de las pateras. Nadie se estremece por la desaparición de las maquiladoras. Nadie se altera por el alistamiento de niños soldados. Nadie se sorprende por la violación constante, continua de las refugiadas. Por que ellos no habitan este planeta, son alienígenas de un espacio ajeno, pero interior. No tienen los mismos derechos que los terrícolas. No nos mueven a lástima ni aunque dormiten en los cajeros automáticos de nuestras 4 esquinitas.
Somos muy selectivos en este planeta: nos emocionamos por los nuestros, por lo cercano, por lo próximo: el gol de Iniesta, la última prima del gran hermano, una bandera o una pomada. Es una lástima no poder experimentarlo: porque si quisiéramos entrar a uno de esos salones donde se corta el bacalao, nos mirarían como un alienígena, causaríamos sorpresa y temor cual centauro; pero en ese planeta nunca quedará la impronta de nuestra huella.

jueves, 6 de enero de 2011

Elogio de lo superfluo

De cara a la galería, e inspirados por el anunció de que desde el próximo número los 4 fantásticos serán 3, a pesar de su nombre, los responsables de este circo se han propuesto recortar todo lo superfluo, en un intento desesperado para transmitir la peregrina idea de la búsqueda mesiánica del incremento de la productividad.
El público, ambientalmente muy concienciado, ha aplaudido unánimemente el destierro de los animales domados y han sido víctimas de un expediente de regulación de empleo tanto el oso motociclista, como el perro adivinador, como la foca que aguantaba la pelota en la punta de la nariz, como el león paciente que soportaba diarios análisis de sus anginas, a los que no les quedará más remedio que aceptar en zoológicos y selvas trabajos muy por debajo de su calificación.
Suprimidas las fieras, ha sido mucho más fácil justificar la supresión de todos los domadores y caballistas, que ya no gozaban de la simpatía del respetable por su tendencia a un uso del látigo muy por encima del que hacían de la zanahoria. Pero no nos preocupamos por ellos, porque han sido rápidamente absorbidos por el mercado laboral en diferentes departamentos de gestión de personal.
El público, laboralmente muy concienciado, ha considerado muy oportuno la eliminación de los innecesarios puestos de trabajo que se desarrollaban con alto riesgo para los operarios. Han sido eliminados bajo esta premisa los funámbulistas, los trapecistas y demás especialistas de la cuerda y el alambre; que ahora buscan una oportunidad para su reconversión en las colas del INEM que les permita escapar del hambre.
El público, muy concienciado de sus derechos como consumidor, ha exigido también la eliminación de todos los números basados en el engaño y la simulación, obligando a rescindir los contratos de adivinadores, ilusionistas y fakires, que poco a poco, van olvidando sus principios para poder recolocarse en empresas financieras y otras agencias de raiting.
Finalmente, y por decreto, los responsables de la administración han derogado a fecha de hoy todos los derechos del colegio de payasos, prohibiéndoles el ejercicio de la profesión tanto en campo abierto como bajo techado, alegando que con la que está cayendo no es ético hacer reír a la gente.
Ante estas medidas y viendo la carpa vacía, el jefe de pista ha decido buscar una nueva orientación para el negocio y, aprovechando el nombre histórico de la entidad,, ha decidido que desde mañana el Circo Price cotizará en bolsa bajo el nombre de Banco Low Price. Total, en espíritu, es el mismo negocio: ilusionar a la gente, con cosas de dudoso valor.

viernes, 31 de diciembre de 2010

Cuentos de Último Minuto, IV

Como cada vez que se aproxima el cambio de cada segundo, Minuto se apresura a repasar su lista de buenos propósitos para el que está a punto de estrenar. Minuto Exigente quiere ser más. Minuto Insatisfecho desea hacer más. Minuto Imperfecto anhela poder ser mejor. Con las prisas de las campanadas, antes de que se mueva inevitable el segundero, Minuto siempre olvida pedir ser menos, no crecer para concentrar su sabor, hacer poco y sin prisas, no cambiar para poder mejorar lo que ha hecho hasta hoy, no conocer más para conocer mejor lo hasta hoy ya visitado, no aprender más para poder tener tiempo de olvidar las cosas que no nunca tuvo que conocer.

jueves, 30 de diciembre de 2010

Cuentos de Minuto, III

Don Minuto de la Mancha fue tomado por loco por contemporáneos, críticos literarios e historiadores por lanzarse a combatir como un titán contra las aspas de unos molinos gigantes como segunderos. Pero más cuerdo que nadie atrasó la cuerda del reloj que marcaba cruelmente su paso por esta novela y poder extender así su vida durante cien segundos, sisándole cuarenta a la parca, que dedicó por completo a su loco y consciente amor por esta vida imperfecta, al que bautizó Dulcinea.

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Nadala 2011

Como viene siendo costumbre, justo antes de que se nos deshilache el año, reservo con celo, a pesar de las prisas que impone esta vertiginosa cuenta atrás, cinco minutos de paz desde donde desearte que se te hagan realidad un montón de deseos durante el Año Nuevo que está a punto de comenzar. Busco siempre entre todas esas pequeñas maravillas gratis que debemos recuperar de entre las cosas que ya nadie tiende a apreciar: Paz, amor, tranquilidad, alegría y rauxa para poder enfrentar los días de crisis que vamos atravesar. Y en especial para este año, que pintan bastos, te deseo:
Que, por una vez, la banca no gane la partida.
Que nos repartan buenas cartas y nos alumbren todos los faroles.
Que tengamos quien nos preste otra moneda cuando leamos game over.

Que cierren este casino y que todos los juegos sean de niños.
Que siempre nos salgan dos seises y un cinco para llegar pronto a casa.
Que por el camino, les cantemos las 40, y no perdamos una sola ficha.

Que el guiñol no se deje meter mano y la marioneta domine sus hilos.
Que a nuestro caballo no se le acaben las pilas.
Que no te encuentre a faltar en el corro de mi patio particular.

Que nunca nos quedemos mirando el partido desde el banquillo.
Que sepamos cambiar las reglas, para que cuando ganemos, ninguno pierda.
Que como buenos peones sepamos defender nuestra reina.

Que elijamos siempre hacer el indio y jugar a las cocinillas.
Que nos guiñen el ojo cuando se acabe la partida de mus.
Que juguemos a los médicos en cada momento y lugar.

Que no nos pillen los polis, que no dejemos a nadie escondido.
Que siempre haya algo entero en el puchero del abuelo.
Que el papel siempre gane a la piedra.

Que siempre recordemos que, hasta el final, nos quedará Kamchatka.
Que nos tomemos la vida en serio y nos la juguemos en todo momento.
Que el último en caer, salve por todos.

Que nos busquen, nos usen y nos amen.

jueves, 16 de diciembre de 2010

Celebración del olvido y la inconsciencia

Bendito el olvido. Bendita la desmemoria humana que no nos recuerda que todo lo que empieza tiene por fuerza, o a la fuerza, que acabar. Que todos nuestros principios tienen el mismo fin. Que todos nuestros esfuerzos acabarán en polvo, o hechos polvo. Bendito y sedante olvido, que con su lengua de días va lamiendo nuestras heridas hasta cerrar la más sangrienta de las llagas. Ahora que arden, ahora que escuecen vivos los arañazos de tu desamor, toda la memoria de tus vivos recuerdos, en este pozo de cegadora evidencia donde ni tan siquiera se entrevé el fondo, solo veo una esperanza: sé que me espera el más oscuro de mis olvidos.

Bendita inconsciencia. Bendita desmemoria que me permitirá con el tiempo instalarme, otra vez, de nuevo, en la rampa de salida. Retomar presto la carrera, correr alegre sin ningún destino fijo, para tropezar, nuevamente, con la misma piedra. Que todos nuestros principios tienen el mismo fin. Que todos nuestros esfuerzos acabaran en polvo, o hechos polvo. Pero más pronto o más tarde, volveré a escuchar la música y bailaré, porqué, ¡bendito olvido!, soy humano, soy alegre, estoy hecho para bailar y no para recordar. Todo un inconsciente. Gracias al olvido.