lunes, 22 de diciembre de 2014

Vida o olvido

De repente me dijo: Podríamos buscar un lugar entre los matojos donde instaurar una república donde la única soberana sea nuestra pasión.
Le dije, titubeante: ¿Ahora mismo?
Me contesto: Luego es tarde –mientras me arrastraba- ahora es el único momento para devastar los zarzales, la única oportunidad para desnudarnos y hacer la revolución. Lo que no esté dentro de mí, será extranjero. Y nuestra piel arañada defenderá nuestra frontera de sus púas y sus alambradas.
Y, ¿Luego? –Le pregunté
Luego todo será historia – Me dijo- Quedará atrás el tiempo heroico de las proezas. Por eso no te tardes que ya me estoy bajando las faldas. Y durante un tiempo no existirá el tiempo. Más tarde. Cuando despertemos, quien sabe si nos habremos convertido en rutina o en olvido.
No dude más. No demoré más y aplasté la vegetación bajo sus rotundas nalgas.

Ambiciones

martes, 4 de noviembre de 2014

Perpetuidad

De entonces, cuando aparecí, solo conservo la misma matrícula, 8 cifras de dni. Todo lo demás ha mudado o desapareció.
Los días han cambiado y lo que era frecuente hoy es anécdota. El pan de cada día se convertió en vintatge.
Muchos ya no están, algunos fundamentales, si lo que buscamos es explicarme, y los demás han cambiado, distanciando su ruta mucho más de allá de mi tangente. Yo mismo he cambiado de ciudad, de talla, de hábitos, de peinado, de profesión, de opiniones, de estado, de carácter, de sentir, una docena de veces.
Y la escena, que decir, por su complejidad mucho más intensa y rápidamente que yo: No son iguales, los mismos parajes. Donde había desierto hoy hay bullicio, donde todo el mundo se reunía, hoy olvido.
Ni tan siquiera la moneda, con la que ni se compra ni se vende el amor verdadero, es la misma. Ni tan sólo me acompañan desde el principio las mismas células que me engarzan. Y aún así me reconozco, antes como ahora, en un relato que a todos cuento y a mi repito y reitero en vigilia y en sueño. Un relato falso que a cada repetición muda y cuyo parecido con la realidad es pura relatividad.
El número de mi bastidor, como dije, sólo permanece inmutable.

jueves, 30 de octubre de 2014

Otoño

Ahora que es inevitable que la noche se nos eche encima más pronto, que los puestos de castañas asadas nos parezcan ridículos, sólo encuentro coherentes a las hojas de los árboles, que siguen cayendo, a pesar de todo, secas y por estricto orden de aparición, para sembrar las aceras de satinados colores crujientes.
Todo lo demás me parece extranjero:
Las conversaciones de las adolescentes sobre sexo como distracción anodina. Las preocupaciones de los colegas por sus planes de pensiones. Las cavilaciones de la vecina por el encaje de una nueva pieza en su decoración. Las injusticias de las decisiones arbitrales en los encuentros familiares. Las fórmulas filosóficas debatidas concienzudamente en los bares. Las recetas escuchadas en los mercados para encarrilar el asunto. Las estrategias paranormales que estrenan para adormecer nuestras voluntades. La realidad aumentada de los cromos que intercambian los enanos. Los malabares diarios para esconder mi mueca de hastío en algunos lugares.
Por lo que todo enseguida se me cae en el olvido.
Y en un día tan claro como hoy, bajo el sembrado de cirros, sólo recuerdo:
El olor de tu pelo. El mohín de tus labios mordiendo el vacío. El peso de tus carnes desvanecidas. El resto, ya no lo vivo como un niño.

martes, 21 de octubre de 2014

La mediocridad sancionada


Toda estructura laboral pública o privada puede verse afectada por el Principio de Peters que sostiene que toda persona que realizan bien su trabajo es promocionada en la cadena de vacantes hasta que ocupa un puesto donde tan siquiera puede abastar los objetivos de su trabajo, alcanzan su nivel máximo de incompetencia.Toda estructura laboral pública o privada puede verse afectada por el Principio de Peters que sostiene que toda persona que realizan bien su trabajo es promocionada en la cadena de vacantes hasta que ocupa un puesto donde tan siquiera puede abastar los objetivos de su trabajo, alcanzan su nivel máximo de incompetencia.
En las enquilosadas estructuras públicas otras plagas horadan y pudren los cimientos sobre los que se cimienta su teórica eficiencia. A continuación os propongo un catálogo de males que no pretende ser exhaustivo y que admite modificación:
En primer lugar, los males de la doble puerta de entrada. La administración nutre su ejército bien de opositores que han demostrado su capacidad y conocimientos para superar unas pruebas eminentemente teóricas pero que no garantizan su empatía con el usuario como servidor público o su capacidad para un trabajo concreto, bien de personas que reciben la alternativas de los padrinos más variopintos que se ahorran el proceso opositor sean capaces de demostrar su valía o no. En la mayoría de ambos casos una vez tomado sus reales asiento difícilmente perderán su plaza y salario público.
En segundo lugar, la ausencia absoluta de incentivos laborales. De todos es conocido que la carga de trabajo asignada a un servidor público será directamente proporcional al grado de afición al trabajo demostrada en su primer día. Así si el primer expediente que se encarga al trabajador tarda en solucionarse, se pierde o se hace mal, su inmediato superior no dedicará esfuerzo en enmendarle o sancionarle, labores ambas que roban parte de su tiempo y le generan inconvenientes que nadie reconocerá, sino que transferirá su cuota a otro empleado más dispuesto y resolutivo. Y actuará en consecuencia ante el nuevo subordinado eficiente y rápido, que recibirá todos aquellos expedientes no resueltos por el anterior. Así que para que un profano que entre en una dependencia pública por primera vez pueda juzgar a los trabajadores, debemos recomendar que se fie o dirija aquellos que tienen las mesas más saturadas, a pesar de lo que podríamos pensar en una primera impresión prejuiciosa, nuestro expediente tiene más posibilidades de prosperar en sus manos que en las de los que disponen de mesas inmaculadas.
En tercer lugar, las extrañas variables por las que se rige la política de ascensos. La carrera profesional en la administración también tiene una doble vía, un camino estrecho para todos y un atajo para los apadrinados que no deben que demostrar valía alguna más que su simpatía y lealtad a aquel que le mira con buenos ojos. Descartado poder explicar cualquier lógica en el segundo caso, detallaremos las incongruencias del camino habitual y más transitado. En el concurso que abre la promoción de vacantes a concurrencia, los representantes de los trabajadores han conseguido que el mérito más valorado sea la antigüedad en la administración sea esta en una plaza similar o en otra dispar, sean los años acumulados servidos como fuerza viva o como naturaleza muerta. Así mismo, se valora de forma similar la formación específica para la plaza concreta que los cursos más dispares e inútiles, o en menor grado un doctorado que un curso de ofimática desfasado. Y se convalidan como experiencia probada para ejercer como sicólogo el tiempo ejercido como monaguillo, o los años trabajados como banderillero para actuar como enfermero. Y finalmente se renuncia el derecho de retracto y formación que ejercen los clubs deportivos, al imposibilitar a los jefes de unidad a defender a los goleadores demostrados de su plantilla de estos procedimientos tan imparciales y ciegos que no se aplican a los beneficiados del atajo.
Y finalmente, en cuarto lugar, se renuncia al descarte al segarse cualquier posibilidad de echar de la nave la manzana podrida. Así se mantiene en plantilla al dropo que no hace ni hará la o con un canuto, al probado ineficiente que genera más problemas de los que soluciona e, incluso, al expedientado por miles de causas algunas de ellas de la más provecta mezquindad. Legión que se mantiene en nómina por dos dinámicas básicas: porque se les paga con un dinero público que a ningún responsable escuece o porque el esfuerzo de sacudirlos de la ubre pública que se le pide al superior es tan titánico que se convierte en desalentador.
Y aún así, con mucha más frecuencia de la que indicaría la lógica, escuelas, ambulatorios, centros que funcionan, a pesar de sus gestores, sus apadrinados y otras plagas, el sistema público funciona y podemos encontrar. En un claro ejemplo de supervivencia de los sistemas que como los plátanos de nuestras calles cuando se ven afectados por hongos intentan prosperar a pesar de su afección.

jueves, 25 de septiembre de 2014

Inicio de curso en el cole de los grandes

Nos fuimos de vacaciones y todos los problemas se quedaron aparcados en el monte de piedad. Dejamos el huerto al cuidado de un hombre de paja y los turistas nos dejaron el terreno de juego como un patatal. Y mientras nos entretenían con futbol y mundiales o nos sorprendían en el chiringuito, nos colaron algún recorte mediante algún decreto estival un año más. En esta perra vida, todo seguía igual.
Y al llegar septiembre y con él un nuevo inicio de curso en el cole de los grandes nos lamentamos de que por mucho que hayamos mentido falsificando las notas para que las firmará el tutor responsable, hemos repetido curso: la tasa de paro no quiere adelgazar, la banca no abre la mano y se niega inyectar capital, los recortes no cesan por mucha propaganda que quieran gastar, la asmática recuperación pierde fuelle y la única que crece adecuadamente es la deuda estatal. Aún, menos mal, que la ley del aborto se les ha marchitado y que como empieza la loca carrera electoral el gobierno intentará sacar de la chistera toda su batería de luces y medidas de lo más popular. Mientras tanto, los de este lado de la concertina, no podemos apearnos de éste déjà vou en el que cada mañana un títere u otro nos repite que la salida de la crisis es inminente, que las medidas tomadas están teniendo efecto como reflejan los datos macroeconómicos y que se han implementado medidas de amplio impacto social para paliar la situación de penuria, sin que nadie nos libre de esta pesadilla rutinaria que se arrastra por el calendario día a día. Y así, cada mañana nos levantamos bien temprano, le damos de desayunar a nuestras defensas, maquillamos nuestras ojeras para poder tener un aspecto decente y arrastramos nuestras carteras con nuestros deberes hechos para que al llegar a la hora del patio nos demos cuenta que otra vez nos han robado el bocadillo. Así que por favor, en la medida de vuestras posibilidades, no escuchéis a ninguno de los que tengan derecho a hablar por un micrófono sin poner en cuarentena todas sus palabras.

jueves, 4 de septiembre de 2014

La mirada perdida

Nace pura la mirada de los niños. Nacen los bebes casi ciegos después de ser fabricados con tanto amor en la más íntima oscuridad. Tardan días en poder acostumbrarse a la cegadora luz, en delimitar los contornos de las sombras, en identificar los volúmenes. Y luego tardan años en aprehender la realidad, en mesurar los contornos, en poder dilucidar donde empieza una cosa y termina la otra. Muchos años en comprender una perspectiva, en poder enfrentarse a un horizonte sin huir ni petrificarse.
Tardamos años en educar la mirada de los niños, en indicarles las cosas ante las que han de cerrar los ojos horrorizados, en enseñarles cuando deben mantener la mirada fija sin bajar la cabeza o dar un paso atrás.
Tratan durante años en adiestrar la mirada de nuestros hijos, intentan de todos modos y por todas las maneras ponerles orejeras, para que no se distraigan en otra cosa que no sea la zanahoria que los arrastra en el camino que mueve su noria, y evitar que se entretengan en la belleza de lo diverso o se emboben en el hechizo de los desconocido, en la tentación de lo prohibido.
Pero sus técnicas de propaganda superan los desvelos de los padres más avezados y ensucian la resistencia de sus miradas, las hacen inmunes a la tragedia, el dolor o la violencia, las hacen adictas al consumo y la rápida satisfacción, las enfocan hacia una meta vacua, la desenfocan para que no entiendan nada más.
Sólo así puede mi limitada razón entender la imagen que ilustra este texto. ¿Cómo si no pueden estos jóvenes disfrutar satisfechos de su horizonte? Las casas de Gaza haciéndose añicos bajo sus bombas. ¡Que inmesa derrota!