jueves, 7 de mayo de 2015

El retorno de la burbuja inmobiliaria

Los fines de semana, en los diarios formales llueven los titulares por los que los operadores tanto habían rezado. Los medios publican en grandes tipos proclamas que nos anuncian que regresan las ventas al inmobiliario, que vuelven las subidas en los precios de los pisos, aunque sea con cuentagotas, inapreciables estadísticamente y en ubicaciones no conocidas. E incluso, como pregoneros de sus amos, hacen saber que contados promotores vuelven a vender pisos sobre plano en algunos lugares muy selectos. Y, finalmente repiquetean las campanas, publicando la más esperada de todas las máximas: vuelve a ser hora de invertir en vivienda, cuando la realidad los hace ridículos.

Los datos reales, que nunca verifican los plumíferos, indican que el precio de la vivienda ha bajado más de un 31% de media en el Estado desde 2008 y todo indica que no parece tener fuerzas para subir a corto plazo. Las razones son meridianas: los ingresos medios de las familias han descendido significativamente desde esa fecha, pero sobre todo la demanda de vivienda en propiedad tiende a 0, por causas ampliamente conocidas, un gran número de hogares con algún miembro desempleado, la multiplicación del número de hogares con algún miembro con trabajo precario y una inusitada precariedad laboral entre los hogares jóvenes. Realidades objetivas que se ven reforzadas con el desmoronamiento de la máxima que había marcado nuestra conducta respecto a la vivienda en los tiempos de la democracia: el precio de la vivienda nunca baja, que ha hecho que en los últimos años ningún padre y ninguna suegra haya sido capaz de pronunciar entera la cantinela antes tan repetida repetida: alquilar es tirar el dinero.

La herida que han sufrido miles de peatones es demasiado reciente para que la haya cauterizado la amnesia todavía, aunque no se haya sufrido en las propias carnes. Hoy todo el mundo sabe no sólo que una vivienda puede devaluarse, sino que su compra si se realiza a través de la contratación de un préstamo hipotecario, no sólo puede significar una pérdida económica como en cualquier otro negocio, sino también la perdida de la vivienda principal, los ahorros acumulados durante toda la vida para iniciar la aventura e incluso la salud al soportar la angustia de una ejecución hipotecaria y el consecuente lanzamiento y el futuro al poder quedar con deuda pere sin casa después de haber sido ejecutado. No podemos pronosticar por cuanto tiempo estarán inoculados los ciudadanos ante este riesgo, pero en este tiempo la ciudadanía debería exigir a la administración y los políticos que la manejan una serie de reformas básicas:

Una ley hipotecaria que impida hipotecas a 40 años y un día, con esfuerzos draconianos sobre los ingresos reales de las familias y sobregarantias a la del bien hipotecado mismo. Sobre todo que impida que se ponga en riesgo la vivienda habitual de los avaladores.

Una ley de arrendamientos urbanos que dé seguridad al inquilino sobre la evolución de las rendas a pagar y la duración de los contratos de alquiler homologable a las europeos.

Una fiscalidad favorable sólo al alquiler, que facilite su acceso, pero que a su vez incentive la salida al mercado de las viviendas no ocupadas en condiciones de precios referenciados.

Medidas que deberían tener como objetivo que el gasto familiar en vivienda no fuese superior al 20% del presupuesto familiar, con el objeto de liberar el resto al consumo de otros bienes que generan un empleo y un modelo de desarrollo más sostenible que el de burbuja inmobiliaria.

Quizás, cigarras mías, si nos preparamos ahora no tengamos que volver a rasgarnos las vestiduras cuando llegue otro invierno, aunque no sea tan duro como este.

martes, 28 de abril de 2015

Nuevas generaciones

El porqué algunos grupos humanos no reconocen a otros como iguales es un enigma antiguo que la antropología ha abordado desde sus inicios. En el pasado, las tribus de un valle no reconocían humanidad a las tribus del valle vecino, sin que entre éstas existiera diferencia cualitativa alguna de raza, religión o estado evolutivo. La negación formaba parte de una estrategia para garantizar la superviviencia del en su mutua competición por los recursos limitados, que justificaba agredir, secuestrar, violar, matar y devorar a los vecinos, liberándolos de los daños colaterales de la mala conciencia.

Con el pasar de los siglos, la negación de la plena humanidad a los otros se fue constriñendo o ampliando en función de las prosaicas necesidades de los diferentes grupos. De esta forma, se permitía la esclavitud de los otros, de los conquistados, de los barbaros, cuando se precisaba mano de obra mal pagada en grandes cantidades. Se infantilizaba al género femenino para tenerlo bien sometido y atado a la pata de la cama. O se demonizaba al infiel para justificar la conquista y su consecuente saqueo.

Hoy, a pesar de todo lo que dicen que hemos evolucionado, seguimos siendo simios, unos más monos que otros, y aún tenemos la necesidad de construirnos una identidad en contraste con las otras. Así formamos parte de una generación, estamos abonados a una religión o a su ausencia, calzamos una ideología, vestimos punkie, pijo o hípster. Y sólo, en el peor de los casos, si estamos enfermos o descuidaron nuestra educación odiamos al otro por ser otro, o al menos nos cuesta reconocerlo

En mi caso, yo que me considero más templado que educado, más viajado que evolucionado, más leído que creído, no estoy inoculado de este mal al 100%, y, de tanto en tanto, me cruzo a personas que no reconozco en su humanidad.

Un ejemplo: las nuevas generaciones del partido popular. ¿Son humanos? ¿habitan el mismo planeta que yo? ¿hablan mi idioma? Y, si lo hablan, ¿las palabras significan lo mismo que para mí?.
Le dado unas vueltas y, como etólogo aficionado, no encuentro lógica a su comportamiento. Enfocado como está el ventilador hacia ellos, como no huyen en estampida para no ser contaminados por toda la mierda que está cayendo.
En su clan, ¿no rige la lógica? ¿Cuáles son las razones que hace que no les importen las derrotas morales, los continuos escándalos? ¿Una educación sectaria que los ha conducido a la talibanización? ¿Más moral que el Alcoyano? ¿La débil esperanza de poner el cazo?
Admito la derrota de mi ingenio: no puedo comprender a estos alienígenas míos. Menos mal que son pocos y cobardes.

jueves, 16 de abril de 2015

Paisaje después de la crisis

Es posible que sea cierto y que eso de allí al fondo sea la luz al final del túnel. Todos quisiéramos creerlo ahora que llegó la primavera. Es factible que después de 7 años, la virulencia de la crisis remita. Las terrazas de los bares han hecho más caja en los pasados días de asueto, la gente está cansada de cuaresma y cualquier llamamiento al optimismo ganará adeptos, alentando el consumo interno. Es probable que lo más duro haya sido superado como nos repetirán hasta la saciedad en este año de campaña. No obstante, es necesario mirar atrás con melancolía y recordar lo que nunca más volverá.

España, ya lo dijo el maestro fue una fiesta. Y si como dicen lo neoliberales y el gobierno hemos salido de la crisis, el escenario hoy se asemeja al campo de batalla habitual de una fiesta abandonada hace mucho tiempo: Una tasa de desempleo superior al 23%, 4,6 millones de desempleados, 8 millones de persones bajo el umbral de la pobreza, la mitad de la población en situación precaria o en riesgo permanente de caer en la pobreza, miles de familias plurideshauciadas, miles de niños pequeños que después de ver perder a sus padres su vivienda hipotecada y luego son deshauciados de los pisos que alquilaron como salida de emergencia y.

Pero lo más importante, un cambio substancial en las expectativas de futuro de una gran parte de la población: Así mientras que los más favorecidos habrán salido de rositas o, en el peor de los casos, con una regularización fiscal. Los que gozan de trabajos más estables y consolidados pueden comenzar a relajarse y respirar en voz baja para que no cambie su suerte. Mientras que la inmensa mayoría de la población se deberá aconstumbrar a la inestabilidad en el empleo y los bajos salarios submileuristas (ya más de la mitad de los trabajadores en España cobra menos de mil euros al mes) que obligan a 1 de cada 3 hogares a hacer malabares para llegar a fin de mes, mantienen a sus miembros en una angustia continua que multiplica el desarrollo de las enfermedades mentales, y los lleva a la bancarrota ante el menor imprevisto o accidente, al carecer de capacidad alguna para tener ahorros o fondos de provisión.

Las cifras oficiales hablan de 14 millones de personas que viven en situación técnica de pobreza, 6 millones en pobreza extrema, 731.000 hogares donde no entra ingreso alguno. Realidad que los gobernantes (de todos los colores y administraciones) han desoído hasta ahora al permitir una reducción importantísima en la inversión (y no gasto) social un asesinado el Estado el bienestar por este Gobierno y publicada su esquela en el artículo 131 de nuestra Constitución. Hecatmbre a la que sólo ha podido sobrevivir la población con el sobreesfuerzo de la solidaridad familiar y social de los bancos de alimentos y otras instituciones de beneficiencia, aunque suene mal el palabro, pues los responsables del barco nos han barado en un Estado de auxilio social, en donde sólo se distribuirá pan entre el vulgo cuando se acerquen elecciones.

Y que decir si ampliamos el zoom y miramos a los colectivos más desfavorecidos: Parados de larga duración de más de 50 años por los que nadie se preocupa y que están abocados a un duro tránsito por un desierto hasta conseguir finalmente una jubilación previsiblemente de hambre. O jóvenes no formados, a los que el espejismo del dinero fácil en los tiempos de la burbuja inmobiliaria los desalentó de los estudios y a los que en la actualidad no somos capaces de ofrecerles trayectos formativos atractivos. O madres de hogares monoparentales que cuando tienen empleo su preocupación estriba en no perderlo.

Pobreza que se curaría con empleo digno, subvencionado o no. Pero que si se cronifica en el tiempo aboca a miles de ciudadanos a la exclusión social y a situaciones irreversibles. Incremento de la desigualdad que también conduce a la desafección, el radicalismo y la violencia. Y que en palabras que entiendan los neoliberales nos convierten en un lugar menos atractivo para la inversión.

Haced el favor de mirar que proponen los nuevos magos que nos vienen a gobernar para abordar el desastre y votad en consecuencia.

martes, 24 de marzo de 2015

El menudeo y la agencia tributaria

Estos días en los papeles se publican a bombo y platillo todas las operaciones que impulsa el ministro Montoro para buscar calderilla entre los cojines del sofá y así financiar las arcas públicas. En su impulso al menudeo en la inspección fiscal, el ministro del ramo está dedicando el tiempo de nuestro desnutrido cuerpo de inspectores fiscales (con una ratio por mil habitantes muy por debajo de la media europea) a controlar: las ayudas a familias numerosas y discapacidades, la correcta fiscalidad de los pensionistas que reciben pensiones complementarias de países terceros, la fiscalidad de los apartamentos o habitaciones turísticas ofertadas por internet, entre otros supuestos.
Y mientras se dedica a buscar migas de pan con las que rellenar el granero público y alimentar las necesidades del estado, renuncia, por temor a molestar a los dueños del cortijo, entre otras posibilidades, a:
1. comprobar la veracidad de los datos de los impositores en las SICAV donde es vox populis que la mayoría son testaferros utilizados por los reales propietarios del dinero para tributar menos.
2. perseguir la ingeniería fiscal de las empresas multinacionales que transfieren beneficios multimillonarios a otras empresas de su grupo para eludir su tributación en este país.
3. estirar del hilo de la publicitada lista Falciani.
4. exonerar de impuestos a las donaciones que los particulares personas de buen corazón realizan a los partidos políticos sean de la cuantía que sean, como las madres, sin esperar nada a cambio por su esfuerzo.
5. o amnistía a los presuntos evasores fiscales que gentilmente repatrían sus capitales.
Pero lo que más indigna, es que el ministro más chulo que un ocho, que utiliza la amenaza de la información privilegiada que le da su cargo para amedrentar en sus réplicas a todos los colectivos que le critican de tener entre sus filas grandes evasores fiscales (miembros de la farándula, deportistas, medios de comunicación, etc.) se convierte en el adalid de la puerta giratoria al volver a salir a la palestra las actividades y forma de lucrarse de los Montoro Boys, un bufete de asesores formado por altos cargos del Ministerio de Hacienda y la Agencia Tributaria renegados, que se benefician de contratos gracias a su formación privilegiada y a la sombra del Ministro que les cobija; quien también recluta de entre sus trabajadores a los altos cargos de su gabinete para que todo se quede en casa.
Un primor de ministro.

domingo, 8 de marzo de 2015

La estrategia de la deserción‏

Una máxima, antes sacrosanta y hoy olvidada, que guiaba a todos los administradores de servicios y políticas públicas era la persecución de la equidad. Hablando más sencillo, que todos los ciudadanos que tenían derecho a un servicio accediesen a él con el mismo coste y la misma calidad estuviesen donde estuviesen y fuesen quienes fuesen. Y cando hablamos de servicios, estamos hablando de educación, sanidad, servicios sociales y otros.

Pero la ideología se truncó en algún momento y los gestores de lo público se volvieron extrañamente tacaños, recortando presupuestos en los equipamientos públicos, al tiempo que incrementaban las ayudas o los encargos a equipamientos privados; alentando o provocando la estrategia de la deserción de las familias de clase media hacia el sector privado que da beneficios a los de siempre.

Para hablar más sencillo, pondremos un ejemplo: la educación:
La administración renunció a garantizar la oferta universal de plazas para todos los niños en un centro público, por lo que las familias no pueden elegir centro y deben concurrir a un sorteo que no les garantiza que la escuela que se le asigne a sus hijos sea de su agrado.
Esta estrategia facilita la renuncia voluntaria de las familias con recursos a padecer este drama y su consecuente frustración. Así muchas de ellas, preocupadas por el desarrollo de sus vástagos, renuncian a su derecho y optan por escuelas concertadas, asumiendo a pagar un sobre coste por el derecho educación gratuita durante al menos 13 años. Pero su huida de lo público comporta un sesgo en negativo la diversidad en las aulas, ya que sólo optan únicamente a una escuela privada las familias que no pueden financiar este sobrecoste y 4 bucólicos que defienden la educación pública a ultranza y por encima del cadáver de sus propios hijos.
El resultado es el aislamiento de la escuela pública de calidad, su cerco, que ya no es defendida por el conjunto de la población, sino sólo por aquellos que tienen menos recursos. Circunstancia que facilita la aplicación de recortes continuados que cada vez dificulta más su buen funcionamiento y facilita un círculo vicioso que autoexcluye a familias con cada vez menos recursos, que hacen un sobreesfuerzo económico para no enviar a sus hijos a aulas que difícilmente y a pesar del cuerpo a cuerpo de los buenos docentes, pueden navegar con éxito.
Aun así las aulas públicas serán el único recurso para muchas familias y para los diferentes, porqué sólo estas están obligadas a dar respuesta a celíacos, a invidentes, o a demás colectivos minoritarios.
Y, mientras tanto, la administración favorece a las escuelas empresas privadas, arrojando a sus fauces a más familias en huida y permitiendo en estos centros mayores ratios de niños por aula, pagos indebidos e incluso el adoctrinamiento religioso, que aceptan muchas familias laicas a cambio de la promesa de un mayor dominio de la lengua extranjera o de una mayor homogeneidad de los alumnos en el aula.

Promover la renuncia voluntaria de las familias con recursos a los servicios públicos garantizados por la Constitución se ha convertido ahora en el mantra de las políticas liberales y las aplicadas por los seguidores de la austeridad sea cual sea el color de su pelaje político.
Potenciar que las familias de la denominada clase media lleven a sus hijos a escuelas y universidades privadas, tengan pólizas médicas que les permita el acceso a centros privados, o paguen servicios privados para pagar el cuidado de sus mayores o sus personas dependientes no sólo permite recortar en gasto público útil y en igualdad social, sino que alienta el negocio privado en la educación, la sanidad, los servicios sociales y todo tipo de seguros, cuyas empresas pueden justificar cada vez más la subida de sus costes (en ausencia de una alternativa pública de calidad).

La estrategia de alentar la deserción de lo público busca el divide y vencerás, en el que el colectivo que termina pagando por lo que debería ser un derecho, no ve mal, sino que puede llegar a demandar, con el consiguiente placer de los plutarcas, que se recorte el presupuesto que mantiene este servicio público que ya no usa. La estrategia busca que nos olvidemos de lo que una vez soñamos: que algunos servicios tenían que ser gratis e igual para todos, con la finalidad, entre otras, de que todos los niños pudiesen llegar al sitio que todos los padres quieren, sus sueños.

viernes, 27 de febrero de 2015

La ilusión de la campaña

¡Qué bonito se ve el horizonte desde la campaña! ¿Verdad Sancho?
Tras oír los cuentos chinos y los cantos de sirenas que nuestros representantes democráticos han formulado desde el atril de los oradores del Congreso de los Diputados en esta última edición del Debate sobre el Estado de la Nación inmerso en plena precampaña electoral, uno puede pensar que debería haber elecciones a cualquier cosa cada seis meses para facilitar a nuestros administradores (o al menos a los que no juegan a Candy Crash en sede parlamentaria) que estén más activos y reúnan una mayor inspiración para proponer medidas legislativas o presupuestarias con las que abordar los problemas de la ciudadanía, aún a riesgo de que no pudieran estar por la labor de administrar sus respectivas competencias. Ya que en los meses anteriores parecían un navio barado por la calma chicha o tierra de barbecho sin capacidad de responder a los clamores del vugo.
El Presidente Mariano anunció el martes medidas que ha estado atesorando egoístamente para poder lanzarlas todas juntas y en traca en este momento festivo, con la ilusión de poder llegar a parecer un monstruo con rostro humano o un autómata con capacidad para saltar del plasma y legislar a favor de de los telespectadores o televotantes fuesen estos padres, autónomos o endeudados, como a otros antes les dió por inaugur pantanos, o en los pueblos inauguran rotondas.
No se han enterado los tripulantes de la democracia del bipartidismo, pero la gestión apartada del pueblo y con único examen de revalida cada cuatro años está dando sus últimos coletazos. La crisis, que no hay mal que por bien no venga, ha despertado a una ciudadanía más preparada y armada con teléfonos móviles que no ha de perdonar a quien escribe en su programa electoral a y hace por real decreto ley b, a quién ignora a los que sufren hasta justo antes de la cita con las urnas, o a quién dice que nos quiere pero calienta la cama de los pudientes.
Pero no seamos muy miopes y si bien es más fácil la crítica del que gobierna, también ha de ser exhaustiva la crítica de los que están en la oposición y en fechas como estas se lanzan a degüello sobre la innumerable lista de faltas y pecados de los administradores. De cada uno de estos, el peatón no debe olvidar, a la hora de valorarlos, no sólo como lo hicieron cuando ocuparon el timón (si es que tuvieron esa suerte) sino todas las veces que han colaborado o votado conjuntamente con los gobernantes criticados recortes de servicios o derechos y beneficios fiscales o prebendas para la oligarquía, así como su hoja de servició en el gobierno de los feudos autonómicos y locales que tienen a bien, porqué son muy tendentes a ver la paja en el ojo ajeno.
Cómo la de los peces, la memoria de los votantes es muy corta, pomo la ambición de los pobres, las expetativa de los votantes sobre los gobiernos es muy pequeña, pero es la hora de recordar y exigir.

viernes, 20 de febrero de 2015

Palos a las ruedas

Sale el sol por poniente y el gallo afónico no nos despierta. Nos damos cuenta que ya sonó el despertador y trastabillados nos levantamos con el píe izquierdo. No nos afeitamos, desayunamos peor de lo común aún las advertencias de nuestro cardiólogo. El metro va más lleno que de costumbre por una actuación incívica de la dirección de la empresa y los usuarios que te rodean como a una sardina son más feos y menos frescos que habitualmente. Emerges a la superficie de la ciudad cuando se acaba de superar el límite máximo de partículas contaminantes en el aire. Si agudizas el oído los ruidos de la urbe están tatareando música de thriller como anunciando el cariz de los acontecimientos. Llegas a la oficina, abres el ordenador y éste, actuando de motuo propio, te ha eliminado como usuario y te ha convertido en un donnadie. Tienes que pedir socorro a los técnicos informáticos y observas con perplejidad como estás en sus manos mientras remueven las tripas de tu pc en conexión remota. Te comes las uñas, mientras escuchas el tintineo agudo de los minutos cayendo en saco roto, desesperado bajo el peso de todas las cosas urgentes que tienes que hacer y no puedes porque están allí en esa caja tonta y rota. Te desesperas…. Después de un tiempo largo por lo incierto, te anuncian que la avería ha sido subsanada. Entras en el ordenador dispuesto a recobrar el tiempo perdido, pero no lo reconoces: te cambiaron la interface, te actualizaron los programas y te ordenaron los correos y documentos bajo patrones que no siguen una lógico común. Renuncias a discutirte con los informáticos y optas por el camino más corto de adaptarte como especie al nuevo hábitat tras la glaciación. No puedes. El ordenador está haciendo sus cosas de ordenador, su higiene, se autoindexa y cada vez que le pides un asunto te advierte que es posible que no te este enseñando toda la información. Piensas que es invierno, pero que después de tantos días de frío siberiano hoy luce el sol y podrías estar perdiendo el tiempo atravesando parques o escudriñando los escaparates del casco viejo. Que asco! viejo. Sigues al píe del cañón porque tu moral calvinista te impide desertar. Sigues reconcomiéndote por dentro, esperando que termine el año chino y la puñetera jornada laboral y por fin llegue el fin de semana, santo y bendito viernes, para nuestro solaz y poder enfrentarte durante el fin de semana con todo el trabajo doméstico que dejasté retrasado, los deberes de aritmética y latín de los pequeños, la compra del sábado en el supermercado y el partido de cinquillo en la mesa camilla de los suegros el domingo. Para que cuando llegue el lunes, te sonría la suerte, y puedas currar como un enano sin que el ordenador te la toque de nuevo, eh, Sam.