martes, 7 de enero de 2014

Antes de estrenar almanaque nuevo

Los que aún conservamos una brizna de inocente ingenuidad, la víspera de tener que estrenar otro almanaque nuevo, nos sorprendemos en el ejercicio de dejar la mente en blanco y concentrarnos en definir propósitos inteligentes a los que consagrar el año que se avecina. Debe ser el horror vacuis que nos causan esos 365 días en blanco puestos así en fila india en el calendario que nos ha regalado la panadera. Puede ser ese poco que nos queda de superhéroes empeñados en torcerle el gesto a nuestro destino. Luego nos pueden las canas que peina nuestra experiencia, parpadeamos 3 veces y con un gesto de la mano espantamos el intento cual insecto.
Todos los años anteriores hemos sido derrotados. Tras las fiestas, la cuesta de enero nos deja sin aliento, le han sisado demasiado días a febrero y en marzo ya hemos abandonado a nuestro coleccionable en fascículos y al inaugurar la primavera ya preguntamos: quien me ha robado el mes de abril. Y en esta ya hemos perdido un tercio. Llegamos demasiado vírgenes a mayo para apretar suficientemente fuerte el paso, las verbenas crecen cual malas hierbas en junio y el calor es lo único que nos aprieta en julio, y por dejarlo todo para después de las vacaciones de agosto hemos perdido otro terció. Septiembre lo pasamos agobiados por recuperar los exámenes perdidos, octubre es el único mes valido, excepción que no cumple la regla y el mal menor nos obliga a salvar los muebles, los días de noviembre los perdemos rastrillando entre las hojas caídas y en diciembre deambulando arrastrando las culpas por haber incumplido hasta que nos dan las uvas y cambiamos propósitos por deseos para el año próximo como si nos encorriera la parca.
Los viejos que sacan su silla de mimbre y enea a la puerta de sus casas los días que luce el sol, no hacen propósitos y ya ni parpadean, pues saben que son los días quienes empujan y las noches quienes aprietan; que las horas pasan despacio, pero los años se nos van en un suspiro; que nadie sabe ni porqué, ni cómo, ni cuando nos da un giro la vida y mucho menos cuando tuerce una esquina, que es difícil recordar cual fue el suceso, la decisión o el cambio que hoy nos explica o si hemos llegado al punto donde nos encontramos a trompezones y trastabillados. Al igual que saben que hilando el tiempo perdido y remendando los ratos muertos no se tejen días nuevos, que los propósitos se vuelven recuerdos y los recuerdos se deshilachan en el cajón del olvido, y que la oportunidad está más calva que ellos.
Y los propósitos de los jóvenes mudan más de camisa que las serpientes.



lunes, 23 de diciembre de 2013

Nadala 2014


Como viene siendo costumbre, justo antes de que se nos precipite el año por su vertiginosa cuenta atrás, de las prisas protejo con celo cinco minutos de paz para rebuscar entre un buen montón de deseos y anhelos usados, viejos y un pelín descascarillados, recomponerlos y desear que se te hagan realidad durante el próximo Año Nuevo que está a punto de comenzar.

Tradicionales deseos siempre bien empleados: Paz, amor, solidaridad, alegría y rauxa. Y otros compuestos con una palabra recogida de aquí y un son encontrado allá, para hinchar nuestras velas y atravesar la tormenta hasta llegar a nuestra isla imaginada. Y,y, y por eso te deseo, nos deseo:

Recordar  la caricia del Sol sobre nuestra piel los días de lluvia y niebla,
imaginar el huracán incluso varados en la calma chicha.

Acomodarnos a ser yo, sin que nos tire la sisa,
recordando que los otros, son siempre otros y todos diferentes.

No olvidar la esforzada ascensión, al rodar cuesta bajo,
rememorar las victorias y las risas al bajar las persianas,
tener presente las caídas, al recoger premios y dividendos,
apreder a corregir nuestros aciertos,
y a construir un trampolín con las astillas de nuestros fracasos.

Y,y,y… tiempo del que se escurre entre los dedos,
y lágrimas de las que estallan de alegría
y abrazos de los que nos recomponen el alma,
y sonrisas de las que nos vuelven niños
y que se nos suba el vino viejo al corazón peleón.

Y,y,y… que se te calen los huesos de tanto amor,
y besos, muchos besos, de todas las tallas,
de todos los colores, de todos los sabores,
miles de besos que nos sostengan hasta que vengan mejores dadas.

domingo, 20 de octubre de 2013

miércoles, 24 de julio de 2013

El destino de los ñus

En un rincón de la sabana permanecen tranquilos y estáticos millones de ñus, paciendo pacientes mientras haya algo que triscar bajo el sol que más calienta.
Millones de puntos rumiantes que en su indolente caminar dibujan enigmáticos símbolos sólo comprensibles a vista de pájaro, hasta que un ñu aspira hondo, hincha el pecho, levanta la testuz, otea el horizonte como si tuviese una visión o un sueño y se erige en líder, determinando la localización exacta donde se sitúa el destino de los suyos. Inspira, bufa y muge provocando a los congéneres más próximos, que a su vez levantan la testuz y mugen en una reacción propia de las fichas del domino, que pone en marcha la migración más espectacular del planeta: la estampida levanta una nube de polvo visible desde la luna y hace temblar la tierra.
Lo que fue quietud es vertiginoso movimiento y ansias de llegar a los verdes pastos prometidos. Millones siguiendo el sueño de un ñu, que dejará a cientos, miles en el camino, para alimentar al delicado ecosistema, a las leyes del mercado o de la selva, son daños colaterales que nutren al Serengueti.
Y una vez llegados al otro lado, en la tierra donde vuelven a haber brotes verdes, los ñus olvidan. No valoran el alto importe de la factura, no la comparan con la de años anteriores, no se cuestionan si cerca hay prados mejores o existía un camino más corto o menos penoso para llegar.
Después de la loca carrera, donde se han jugado la piel azuzados por el miedo, vuelve la quietud: pacer pacientes mientras haya algo que triscar, bajo el sol que más calienta.
Y justo antes de ponerse nuevamente en marcha no sabrán recordar si siguen al mismo líder que les llevará por el mismo abismo o a distinto perro con el mismo collar.

Así mismo, nosotros, los pacientes peatones seguimos a nuestro ñu, votamos a ciegas creyendo en falsos cantos electorales y repetimos nuestros errores como amnésicos cada cuatro años, sin contar los engaños, sin contabilizar el dinero trasferido desde nuestros derechos a sus cuentas corrientes poco frecuentes, sin exigirles responsabilidades por los daños colaterales, por los digeridos por los caimanes, por los peatones anónimos que fueron pasto o abono para que sigue floreciendo este sistema de selva, sin haber analizado cual es el trazado del camino menos pesado para nuestros cuerpos trabajados.
Mientras tanto nuestros líderes, para despistarnos, se cambian de chaqueta y mudan de palabras esperando que el temporal amaine, conscientes que los problemas se solucionan solos, sin hacer nada, por agotamiento, porque no hay mal que cien años dure y el olvido todo lo cura. Agazapados esperan sacudiéndose las culpas como pulgas, esperando que vuelvan a crecer los verdes pastos que amansan a los peatones pacientes para sacar pecho, levantar la testuz y mugir al rebaño indolente.

martes, 14 de mayo de 2013

Noticia exhaustiva del descenso del 15-M en su aniversario

Se apresuran, los massmedia a sueldo del establisment, a denunciar a bombo y platillo la caída del apoyo popular al espontáneo movimiento de protesta ciudadana denominado 15-M. Y corren a buscar a los enterradores, como si de esa forma pudiesen contener la enfermedad sistémica que se extiende como un incendio forestal y hacer desaparecer los problemas que generan un rechazo que se multiplica como un virus tropical.
Aconsejados por ciertos de pomposos expertos, la clase política, piensa que manifestación que no se oye problema que no existe. Y corre a agitar el número de manifestantes pesado a ojo de mal cubero sin atender sus reivindicaciones, que siente que no le competen, pues ellos siguiendo el consejo de un anciano muy venerado en el lugar, hacen como él y no se meten en política.
Y el gobierno embalsamado sólo parece reaccionar cuando los ciudadanos son capaces del milagro de reunir más de un millón de firmas, eso sí, para huir en sentido contrario. O cuando pocos manifestantes, cargando sus pesadas razones, se acercan hasta su domicilio familiar para milagrosamente hacerse visibles ante sus estiradas narices.
Los electos no están aquí para responder a los que les responden, les critican o les requieren, pues los gobiernos no están aquí para solucionar, aliviar o minimizar sus problemas; pues ellos están refrendados por el sólido y firme apoyo de la mayoría silenciosa, que suma tanto a los votantes que los eligieron gracias a un programa electoral traicionado y unas esperanzas frustradas, como a los enfermos en coma y otros impedidos que no pueden insultarles.
Los expertos sentencian que si los ciudadanos no se desplazan en peregrinación todos los días hasta el centro de las grandes ciudades para manifestarse es que apoyan la acción/omisión del gobierno. Sus confesores sentencian que si no generan disturbios, altercados o hacen explosionar pequeños artefactos caseros es que no existe ninguna discrepancia, ni tan siquiera problema alguno.
Todos los silenciosos alientan pues la subida de la tasa de paro, la emigración de nuestra juventud mejor formada, el descenso de su capacidad de compra, el aumento de las listas de espera y jalean todos sus recortes que nos han devuelto a los sesenta.
Los gobernantes están tranquilos, pues las plazas están despejadas por los funcionarios de los cuerpos de represión y las gentes, discretas, pasan hambres en sus casas, antes de ser desahuciadas.
Mientras los zombies de los ministros celebran que no hay tanta gente en las calles, cada vez más gente piensa que sólo encuentra apoyo en sus iguales

viernes, 22 de marzo de 2013

Mares internos esquilmados

Ayer en un bar de aquel puerto de pescadores, escuché de fondo un encendido debate sobre las nuevas vedas impuestas que impedían a los barcos salir a faenar. Todos reconocían que las pesquerías están agotadas y que si no se amplían substancialmente las reservas marinas antes del 2050, en breve, no habrá nada que pescar y, mucho antes, se habrán extinguido las especies más gustosas y preciadas. La mayor nadie la contradecía, pero discrepaban en como debían actuar: los miopes sólo veían los recibos a pagar a fin de mes y exigían seguir exprimiendo el limón hasta la última gota, mientras que los de vista más aguda y mayor amor al mar defendían las vedas porque era la única solución que les garantizaba seguir muchos más años viviendo de la pesca.

En ese momento, pensé que la gestión de los recursos del mar, a pesar de ser pésima, era mucho mejor que la de los recursos humanos de estos días: Los peatones, como los mares, están siendo sobreexplotados y muchos ya están agotados y no van a poder aguantar con vida hasta la salida de la crisis, para ellos no hay luz al final de un túnel que se sitúa más allá de esta década. Pero los patronos, sordos a los avisos de los ecólogos, a pesar de la elevada tasa de desempleo, o del número de ahorradores estafados con las preferentes o de los arruinados con las hipotecas, o del número creciente de familias en situación de pobreza o exclusión social, no levantan el píe del acelerador y siguen con sus malas artes de arrastre destrozando hasta el fondo a ver que pueden sacar. Mirad Chipre rodeada toda por el mar.

Y en estas aguas revueltas, al 1% que lleva el timón todavía nadie se ha atrevido a proponerle que cese de tirar por la borda las especies no económicamente provechosas: los viejos, los dependientes, los parados, los poco formados convertidos en pasto para las gaviotas voladoras, no otra cosa que buitres de mar.

Marineros de agua dulce, salvemos nuestros fondos, vaciemos sus bodegas, si no queremos ver como la esperanza de vida del peatón común cae espectacularmente los próximos años.

 

sábado, 2 de marzo de 2013