martes, 9 de junio de 2009

Ofertas contra la crisis

Miles de ofertas en los escaparates nos incitan a consumir mucho antes de que se abra la veda de las rebajas, las promociones nos prometen viajes low cost y hoteles baratos tan lejos como podamos llegar, cae el índice de precios al consumo por primera vez en nuestra historia moderna, los bares contraatacan y para evitar las mesas vacías el quinto menú de la semana corre a cuenta de la casa, los precios de los pisos a pesar de las amenazas de excomunión caen a plomo, poniendo a rezar a todos los hipotecados como buenos cristianos, y nadie sonrie porque el miedo se ha instalado en sus bolsillos vacíos.
Los políticos, uno tras otros, comparecen en televisión prometiendo brotes verdes abriéndose paso como héroes en estas tierras yermas. Nadie se cree tanta mentira. No sopla el viento. Hay calma chicha. Y todos los videntes apuestan por, al menos, dos años más de vacas flacas. Y mientras tanto, la Unión Europea, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional nos miran y se echan a llorar, porque somos el enfermo más grave, el alumno más débil y miramos para otro lado.
Vendrán tiempos más malos: la tasa de desempleo se multiplicará a la salida del verano, cuando la hostelería pliegue velas por temporada baja, la cola del paro serpenteara cuesta arriba, las hipotecas no se podrán pagar, los inmigrantes no tendrán otro remedio que dormir en las calles de la ciudad, la violencia se incrementará, caerán primero los contractos basura, pero todos se encomendaran a los santos más milagreros para quedarse igual. Ahora ya, paseando por las calles, se palpa la tensión. Ahora ya, parado en silencio, se escucha como crujen las vigas podridas que soportaron nuestro castillo de naipes.
La tasa de paro, del 20%, es la más alta de Europa y sigue creciendo. La deuda acumulada en los tiempos de euforia equivale a 18.000 euros por persona. Los empresarios piden a las familias que se recorten los salarios y consecuentemente devolver los créditos se torna imposible. Los empresarios nos piden comprar más, olvidaos de las marcas blancas, pero multiplican los expedientes de reducción de empleo. La carga hipotecaria en España es del 70% del PIB, cuando la media europea es del 40%. El coste de acceso a una vivienda protegida en España para un joven es equivalente a 20 años de su salario íntegro, pero nos ruegan que compremos pisos para mover el motor de nuestra economia.
Nos han exprimido hasta la última gota, cobrando los salarios más bajos de la Europa de los 15, cobrándonos desde los tomates a las casas como si fuéramos turistas que no íbamos a volver otra vez aquí para volver a consumir. Nos depredaron como si nos fuésemos a extinguir. Nos dijeron no estudies que en la obra se gana buen dinero. Nos quedamos sin ingenieros. Nos obligaron, no, nos alentaron a endeudarnos hasta las cejas porque todo iría siempre bien. Cargamos la visa y reventamos la tarjeta de Elcorteingles. Trabajamos para no llegar a fin de mes. Y ahora debemos más dinero que el sueldo que ganaríamos los próximos 5 años, si trabajásemos, ahora que nos quedamos sin empleo.
Y ahora tenemos miedo. Tenemos miedo del hambre de los que están peor que nosotros. Los miramos con odio y votamos a la derecha. Menudo remedio. La misma gente que nos exprime, nos explota, nos atocina, nos ignora.
Cuando tengas hambre, por amor de dios, no mires abajo. Cuando la desesperación te vuelva salvaje, levanta orgulloso la cabeza, mira a los barrios altos, encamínate hacia el norte de la Diagonal, a Sarria o a Pedralbes. Apedrea sus casas, destroza sus coches y comete un par de ricos, siempre están gordos y tiernos, siempre están rellenos de euros.

domingo, 7 de junio de 2009

Buzo en días secos

Aún brille el sol, plena la primavera. Aún el cielo azul, y marina la arena. Aquí cobijado, la atmósfera es plomo y gris. La niebla, densa. El aire, cargado de zozobra. Y buzo soy de estos días secos. La escafandra cerca mis malas ideas y las acorrala junto a mí. Los plomos que calzan mis píes lastran mis torpes pasos, recaigo y no avanzo.
Hay días que sólo me sostiene la lectura. Sumergido en ficciones ajenas sepulto mi tiempo. Página tras página postergo las decisiones que algún día debería tomar. Párrafo tras párrafo eludo mi soledad. Soledad de terribles dentelladas.
Pero hay días que nada me sostiene, pues las palabras escritas se enturbian, mis lágrimas emborronan las letras, ciegan mis ojos ante el avance irremediable de mis miedos. Es el pavor a la soledad, irracional y atávico. Y resuenan las preguntas de las que siempre me evado. ¿Por qué he llegado hasta aquí? ¿Por qué ahora estoy sólo? ¿Por qué me siento sólo? ¿Qué hice mal? ¿Qué cuidados desatiendo?
Y desde ese preciso momento, en que se abre la caja de los truenos, soporto la rabia acumulada de un púgil, que con una sabía y contundente combinación de golpes, me va castigando. Debe ser el niño que deje de ser, quien ahora calza estos guantes que me laceran. Tantas cosas le prometí y deje sin hacer, que le desborda la rabia.
Y realmente todo este sufrimiento es en vano: cuando me adentro en mis tinieblas, ninguna respuesta encuentro. Sumergido en mi denso y fangoso dolor, no avanzo. Puedo hurgarme la herida tanto como pueda soportar apretando los dientes. Puedo aquí instalarme, nada cambia. De todas formas aunque me devano los sesos intentando encontrar un motivo: No sé por qué caigo en este agujero. Sólo sé que con hambre insaciable siempre me aguarda, dispuesto a deglutirme. Sólo sé que volveré a caer. Sólo sé que igual que desconozco el camino de entrada, ignoro donde queda la salida. Y sólo me esperanza la certeza de saber que no permaneceré mucho tiempo en esta botella varada en medio de la nada, pues hay una especie de principio de Arquímedes que me obliga a flotar, a fluir y a remar contracorriente en busca de los rápidos de aguas cristalinas donde eligen morir los salmones.
Ilustración: Shaun Tan

domingo, 24 de mayo de 2009

Caída ciega

A veces las cosas que me sostienen no parecen presentes. Que están allí, firmes e inmutables, es evidente. El suelo bajo mis pies nunca desaparece. La densidad de cada una de las cosas que me envuelve permanece. Pero todas y cada una de ellas se me hacen invisibles. Y aunque lo intento, no puedo verlas. Todas las cosas chiquitas que mi ánimo debilitan se engrandecen, se confabulan y me someten.
A veces me imagino suspendido inerme. Perdido en el vientre de la oscuridad más fría y vacía. Ningún sonido, ningún olor, ningún color frena mi miedo. Ningún eco responde a mis mudos aullidos. Me ciega el vértigo. Y como en las pesadillas, nada detiene mi caída.
Sólo derrota y desamparo. Cercenados todos, ningún hilo me sostiene. Ajenos todos, ninguna red me protege.
Pero en algún momento, por instinto, aprieto mis ojos, retiro las vendas, limpio las legañas y se cuela un rayo de luz. Se infiltra la cordura. Se desborda la vida. Y todo sigue allí. Inmutable. El mundo agazapado detrás de mi maleza, de los enredos de mi mente, preparado para abalanzarse sobre mi y obligarme a sonreír.
Están ellos. A veces ocupados, a veces imprevisibles. Y estás tú. Y está toda esta locura que desde dentro de mi me obliga a canturrear, a resistir, a repetir una vez más mis versos, mis trucos, mis cabriolas. Obligarme a olvidarme del pánico que me produce este mundo y a entretenerme en revolver mis juegos, los mismos que utilizo para arrancaros las sonrisas que me alimentan.
Ilustración: Toni Algaba

lunes, 18 de mayo de 2009

El paisatge de tornada

Dol el paisatge que potser ja no has de tornar a trepitjar. I els arbres, les cases i les imatges que no atenies en les teves giragonses es tornen fonamentals, ara que s’esgota el moviment pendular que t’atreia qual io-io aquella, la teva llar.
Dol la mirada clavada en cada detall, que tria, sense sentit, de llepar la substància efímera del camí. Feren els rails que avancen. T’ofeguen els quilometres de via que t’empasses. Et castiga la distància a que t’obligues.
Dol l’elecció triada. Mossega el present si l’obligues a fer-se record. Indòmit salvatge que només vol el teu futur. Mastega els teus dits la porta per tu mateix tancada, i criden tots el teus sentits.
Cap altra any, la plana ha estat tant verda, humida i sucosa. Tant absenta de pols o teranyines. Tant oberta a l’impossible. I no van ser només les pluges les que netejarem la llum que il·luminava els seus paisatges, a tu oferts.
Esbrossats m’has presentats els teus camins, les teves valls. Franques les ombres, les fronteres i els llindars. Càlida i franca la llar on crema la vida teva, sencera i sense reserves.
I ara que lo tren m’allunya, es possible que les roselles que sagnen salpicant sobre el verd prat, triguin de dir-me alguna cosa en algun tipus d’idioma que jo pas he après a entendre: Òn clavares les teves arrels?
Il·lustració: Saudek

lunes, 4 de mayo de 2009

Malos tiempos para la obsolescencia

Todos los augures anuncian a los cuatro vientos el final del reinado del usar y tirar. Después del paso festivo de las vacas gordas, alardean estridentes clarines y timbales anunciando el esperpéntico desfile de las vacas flacas y, desde el medio de los esqueléticos bóvidos, quien nos sonríe es la temida crisis triunfante, que viene a quedarse.
Pero escuchemos a los sabios, que pacientes nos recuerdan que las crisis son un nuevo principio y una nueva oportunidad. Así, buscando el lado positivo, después de tirar la casa por la ventana, la crisis nos impone más cariño a lo ya acumulado. Una segunda oportunidad a los recursos arrinconados. En ausencia de las compras compulsivas, ahora que la visa cerro por defunción, por fin nos dará tiempo a usar todos los trucos y funciones de nuestros viejos gadgets, antes de arrinconarlos en el cajón de nuestro olvido. Dicen los analistas que no aparecerá ningún producto revolucionario durante los próximos años. Todos los conejos permanecerán encerrados en sus chisteras, ahora que ningún truco arrancaría un centavo de los bolsillos sellados.
Hasta un nuevo decreto de sol y buen tiempo, hay futuro, pero no hay crédito, y sólo gana el que menos gasta.
Ahora que no hay lugar para los colores estridentes en el reinado absoluto de las marcas blancas, es la época precisa para usar ese fondo de armario sabiamente atesorado que jamás nos ha traicionado. Se buscan nuevos usos para las mismas cosas. Se lleva doblar el interés a las mismas personas. Nada nuevo. Más tiempo para usar lo viejo. Tiempo para el vintage. Resucitar las esperanzas. Más posibilidades para una segunda oportunidad.
Y nuestro cerebro, mal acostumbrado por una dieta basada en frívolas chucherías instantáneas, deberá escarbar bajo el polvo de la pereza para recuperar la costumbre de buscarle los tres píes al gato.
Serán defenestrados sin piedad los nuevos ricos, nada más se les agote el cash. Ingenuos, tontos, incautos que se llenaron de créditos serán fácilmente escupidos sobre la cuneta. No habrá piedad para el que no demuestre saber más.
Pero dicen que no hay mal que por bien no venga: Y los padres aprenderan a decir “no” a sus hijos bienamados. Aunque sin regalos, no sabrán como comprar la sonrisa de sus vástagos y, mucho menos, su silencio. Ahora que tendrán más tiempo para ellos, ahora que hay menos horas extras, menos reuniones de negocios, menos clientes y son más largas las colas del paro.
Pero dicen que no hay mal que cien años dure: Y aprenderemos a querernos, ahora que no hay dinero para bromas y se recortaran gastos e infidelidades, pospondremos los divorcios, pues corren malos tiempos para la lírica. Y una vez estudiado el saldo de la cuenta corriente, podré mirarte a los ojos, y si bien no llegaré a decirte que te quiero, no temblaré al decirte sinceramente: te necesito, vida mía, sin ti a mi lado no vivo, ni pago los recibos, ni llego a fin de mes.
Y recuerden los presentes, que vendida la música sólo queda el instrumento.

sábado, 18 de abril de 2009

Cal kaos, caus k.o.

Vaig nord, penso sud.
Giro a la dreta cada vegada que vull anar a l’esquerra.
Dono un pas decidit i ferm endavant, però dues ensopegades em fan arribar molt més enllà.
Torço dret, i un pas enrera per cada salt sobre el buit sense xarxa,
per després de cada mortal, acabar,
invariablement, amb el cul novament a terra i baldat.
Tanta gent per a tant poca companyia.
Fets drets per idees esquerranes.
Camises ben planxades per dins de vaquers bruts i trencats.
Cabells llargs i despentinats sobre el cap ben moblat.
Tantes hores de feina sense sentit.
Tants diners gastats per no haver res.
Dic el que penso, però rarament penso el que sento.
Monosíl·labs per expressar pensaments profunds,
paraules científiques per teixir xerrameques buides.
Tant de saliva gastada per que no m’entenguis gens.
Visc net, i somnio brut.
Cent mil voltes sobre el llençols arrugats.
Tants de nervis per no res.
Petons desesperats per amors controlats,
ossos sacsejats, cossos macats i castigats,
matalassos tant tacats
i tantes nits en blanc
per a que tornis a marxar.
Tot el dia corrents,
i quan m’aturo,
just recordo que la vida continua,
que sempre es sa hora punta,
i el vespre és fa dia.
Tant kaos,
caus k.o.
Dorms.

martes, 14 de abril de 2009

Amnesia selectiva

No miro, en las mañanas, mi imagen reflejada en el descascarillado espejo. Así amanezco. Engañado por el recuerdo de lo que nunca fui, por la imagen que a mi mismo me vendí. Olvido. Descarto las grietas que crecen silenciosamente en las paredes cansadas de mi vieja casa. No atiendo a la caída continua de mis carnes maltratadas. No me fijo en el repliegue persistente de mi piel al borde del abismo de mis ojos, o sobre la comisura de mis labios. Oculto bajo mi desenfrenada melena el avance progresivo de mi frente yerma. Y me refugio en los rayos de sol y en las sonrisas dulces y amables, aferrado a mi férreo engaño: el tiempo pasa por otro lado.
Como todos he aprendido a ignorar mis defectos, con la misma perfección con la que descubro el truco de los otros magos. Convivo sin dificultad entre las limitaciones de mi débil carácter, sin dejar de regodearme en amplios comentarios sobre la paja en el ojo ajeno.
Especialista en embaucar solo muestro mi perfil más bueno. Y le mantengo firme la mirada a las fauces de la vida, aunque los dos sabemos que juego de farol, que mi cartas son malas y que mi as escapo de mi manga.
Paso de puntillas por las horas del día, no permanezco quieto mucho bajo una misma mirada, me muevo todo el tiempo y hago mucho ruido. Oculto el retrato de mi Grey. Nublo tus sentidos y eres tu quien te engañas y piensas: ese es un buen chico.
No miro, por las noches, de vuelta a casa, mi rostro cansado, mi ambición vencida, mi utopía abollada, mis dichas desdichas. Sino que plancho mis camisas y almidono mis mentiras finamente tejidas. Me refugio en el recuerdo de lo que no soy y en los abrazos con los que me acaricias. Olvido, así anochezco.
Imagen: Courbet, autoretrato