domingo, 7 de octubre de 2012

Tarannà Tarantan-tá

Digo lo que digo. Y luego digo: No!
Todo lo que yo no veo, sólo lo veo yo.

Hago penitencia de algunos días feriados
y en verbena transforma los lunes más odiados.
La vida, pese a lo que digan, no es tan sencilla
porque lo que dicen que ha de estar arriba, lo encuentras boca abajo.

Hago de lo más sencillo, lo más complicado.
Y aunque el baño esté siempre al fondo a la derecha,
la salida siempre está donde menos te lo esperas.
Y no todo final es un buen principio.
 
Digo lo que digo. Y luego digo: No!
Todo lo que yo no veo, sólo lo veo yo.
 
La gente que más conoces es la única que te sorprende.
Tu opinión muda en función de si eres juez o parte.
Sólo crees que es importante lo que no tienes.
Todo cambia de nombre cuando te pertenece.

Siempre quiero, al tiempo, replicar en misa y dar la campanada,
porque a quien amanece temprano, buena sombra le cobija,
y me pregunto con quien ando para saber quien soy,
pero a todas mis preguntas me respondo que sólo sé que no sé nada,
hasta que lo leo en la presa por la mañana.

Digo lo que digo. Y luego digo: No!
Todo lo que yo no veo, sólo lo veo yo.
Y a pesar de tanto cambio y tanta contradicción
Seguir siendo el mismo es mi perdición.

domingo, 16 de septiembre de 2012

la llum mandrosa

Entre els dies laborables que em deixo embrutar,
amb preses, angoixes, tensions i rutines,
en mig de l’anar i venir sense sentir,
de la dedicació cega a allò més prescindible,
de nedar sacsejat en mig del remoli de les obligacions,
que em lliguen, em paralitzen i em desmembren,
al ben mig de l’angoixa per arribar sà i estalvi a fi de mes,
de tant en tant,
i, només, de tant en tant,
just a primera hora del matí,
giro el cap i m’adono que la llum segueix allí,
brillant,
sobre el desordre dels llençols del meu llit.
 
Somrient mandrosa,
Indicant-me el camí,
accentuant la importància d’allò petit que ens dóna sentit
el joc,
el riure,
el foc,
el viure.

martes, 11 de septiembre de 2012

miércoles, 5 de septiembre de 2012

Niños de la cuesta arriba

Como alienígenas recién llegados, con sus ojos abiertos como platos, miran, pero no entienden nada de lo que está pasando, y al tiempo todo les parece la mar de normal, pues no tienen donde comparar.
Flexibles como juncos, se hacen a los NO con que les responden sus padres (como antaño) a sus incasables demandas de una chuche más desde sus bolsillos vueltos.
Los niños chicos se hacen transparentes, gaseosos, silenciosos y caminan como pequeños espectros evitando los nervios, las crisis, los enfados de sus progenitores que sobreviven en el alambre, estirando los euros, apretando los dientes, cerrando los puños.
Los niños chicos se hacen a vivir hacinados compartiendo una única habitación con toda la familia e, incluso, encuentran en este tumulto atávico que tiene algo de gruta tribal ventaja de proximidad, hasta que escuchas sorprendidos los relatos de sus compañeros sobre sus propios cuartos como se si tratase de territorios mitológicos.
A lo que no terminan de hacerse los niños chicos es al hambre, a los días en que los vienen a despertar tarde para descuidar el desayuno, al plato tristemente lleno de patatas transparentes, a la cena testimonial y recortada. Por lo que, durante todo el verano, recuerdan con añoranza de jugo gástrico desatado los menús escolares a base de macarrones, palitos de merluza y manzana Golden, pues ignoran que han perdido para el próximo curso la beca de comedor y deberán esquivar los meses con quijotesca hidalguía de rocín flaco.
Los niños chicos no saben por donde amanecerá mañana, pero sueñan todas las noches con una sonrisa bailando en la cara de sus siempre preocupados papás.

martes, 21 de agosto de 2012

La vida inalterable

“El número de vidas que entran en la vida de uno es incalculable”, me dice Berger.
Muchas son las que se cruzan menos las que permanecen, aunque saber distinguir entre las unas y las otras es harina de otro costal. Podemos poner la mano en el fuego jurando que no olvidaremos su rostro jamás, para poco después extraviar en la punta de la lengua su nombre tan trascendente. Transitar por bastas singladuras sin recordar la latitud de su puerto, hasta que de repente, embarrancamos de nuevo en su recuerdo y atesoramos las enseñanzas que nos provocaron sus días o sus ausencias.
Y eso que “no nos damos cuenta de que a cada instante se para, se muere un pasado irrecuperable”, me dice Habral. Y caminamos inconscientes de nuestros asesinatos, ajenos a nuestros desperdicios, pues cada vez que elegimos, renunciamos a un número inabarcable de vidas que ya nunca serán, durmientes aletargadas en el país de nunca jamás, donde sólo los necios y los cobardes querrán visitarlas cada vez que se vuelven a lamer las heridas de sus últimos fracasos.
Bajito, les contestó que la vida es implacable, a pesar de nuestro deseo de derrota se empeña en vivirnos, a pesar de nuestra expresa renuncia nos impone mil nuevas vidas gratis, a pesar de encogernos en la noche nos impone más vida felina, hasta casi obligarnos a la primavera.
Y ya en voz más alta, les digo que la vida es inquebrantable a pesar de nosotros. Enemigo que no has de vencer. Únete: recoge los regalos encontrados en los cruces con otras vidas, agradece el olvido, celebra el recuerdo recuperado, ajeno a lo perdido, disfruta de lo encontrado, vive todas y cada una de las vidas. De a una y de a poco. A granel y con ansia hasta la muerte, que también es vida.

martes, 7 de agosto de 2012

El hambre y los perros

El hambre: Fuertes jóvenes con viajes sorprendentes sobre sus espaldas compitiendo por la chatarra abandonada. Sufridas amas de casa hurgando entre los productos desechados en los contenedores de basura de los supermercados. Honestos trabajadores de edad provecta plegando sus pocos enseres en los refugios que conceden los cajeros automáticos antes de enfrentarse a la noche. Ancianos obligados al dilema de optar entre comprar todos los medicamentos que les receptan o encender la calefacción. Hospitales ante la diatriba de despedir empleados, cerrar quirófanos, aplazar intervenciones o mantener el juramento hipocrático. Centros asistenciales negando el salario a sus trabajadores para atender a nuestros ancianos, dependientes o menores tutelados. Niños que no hacen una sola comida suficiente al día de vacaciones del comedor escolar. Padres obligados a elegir entre pagar el alquiler o la hipoteca de su hogar o la comida de su familia. Cola continuamente creciente ante los bancos de alimentos básicos. Insuficiente caridad para tanto olvido. Recortes en el presupuesto existente para tanta necesidad.
El hambre haciéndose grande, el hambre llegando a todos los rincones, el hambre enseñándonos los dientes, el hambre tranquila esperando nuevos tiernos clientes. El miedo al hambre, el hambre persiguiéndonos a todos y devorando a los más débiles. El hambre riendo ante nuestros propios dientes. El hambre muerto de risa. El hambre desnudándonos de humanidad. El hambre frente al hombre.

Los perros: Bajo el sol de injusticia, los perros gruñen. Encadenados o no, enseñan sus dientes sudorosos, amedrentan a los huérfanos. Tanto da sean perros adiestrados o salvajes perros, todos ordenan el tráfico y alinean a todos junto al paredón.
Burócratas creyentes que deciden recortar el acceso a la salud, encarecer los medicamentos y productos de primera necesidad. Policías bien pertrechados que golpean adolescentes y ancianitas que podrías ser de su propia familia porque protestan ante tanta sinrazón. Políticos maniatados que eligen recortar las pensiones de los más vulnerables, la financiación de los hospitales, la dotación de las escuelas, la cultura. Especuladores. Desaprensivos que sacan benefició en el río revuelto. Banqueros refinanciando muertos, exprimiendo pobres, desahuciando miedos. Mercados esponjosos y babeantes succionando toda riqueza, secando la vida de sobre nuestras pieles.
Perros bien adiestrados de afilados dientes. Perros que muerden ciegamente a diestro y siniestros por menos de una palmadita en la espalda. Perros condicionados sin conocer a Paulov. Tan solo perros.
Perros vocacionales nacidos hombres. Unos pocos perros hechos por el hambre. Muchos perros hechos a si mismos, encerrados en una ciega carrera de galgos donde hace tanto tiempo que desapareció la liebre.

viernes, 27 de julio de 2012

Virtudes menudas

La niña sisa las vueltas a la abuela cuando va a comprar el pan. Los niños se chivan a la profa. Maruja se cuela en la parada de la fruta y el desempleado en el metro. Los jubilados desde su banco miran con lascivia el pliegue de las faldas de las chiquillas mientras mantienen en blanco sus conversaciones. Las abuelas se hacen trampas al bingo disputándose una estampilla del santo del día. El cívico amigo de los animales olvida recoger el regalito de su buldog en medio de la vía pública si ningún vecino lo vigila. La mujer de la limpieza distrae material escolar para sus chiquillos, cuando el empleado de la empresa entretiene su tiempo llamando a cuenta de la empresa a su cuñada de Lugo o chateando por Facebook con una aburrida ama de casa a quien ya no le enciende su marido. El presidente de la comunidad de vecinos se embolsa el 5% de las obras de rehabilitación del terrado si se lo encarga a un conocido del bar especialista en hacer obras sin permiso del ayuntamiento. El reputado profesor de derecho romano circula a 160 km por hora de media por las carreteras comarcales armado con un detector de radares. La estirada feligresa de misa diaria solicita todas las facturas de la redecoración de su piso sin IVA y financia el aborto de su ahijada lejos de los ojos de las censoras del café Maurí. Los exigentes profesionales liberales se imputan como gasto de oficina las comidas de su hijo en Londres, las copas en las barras americanas y el iPad de la niña mientras que incrementan su contabilidad en B. El pagés especializado en duelos y quebrantos guarda bajo un ladrillo lo que ha levantado a Europa en subvenciones mientras solicita la denominación de origen del burrito sabanero.
Virtudes menudas de una inteligencia práctica imprescindible para atravesar esta espesa jungla nacional. Todos coinciden en el uso de una doble vara de medir: exigiendo a los demás el cumplimiento estricto de las normas, sacando el provecho de los márgenes de la legalidad en beneficio propio.
No debe extrañar que en este saco de pulgas se mire mal a la manzana sana y se elogie la astucia del que saca más provecho del bolsillo ajeno.
No debe sorprendernos que cuando la tentación es más grande nuestra habilidad nos permita un mayor virtuosismo: Pagar a nuestros empleados sin contrato al menos una parte en negro. Importar piezas de contrabando que se saltan los controles de calidad. Ir al jefe con el cuento. Cobrar por asesorar a la empresa sobre eres y erre que erre. Publicitar productos que no sirven para nada pero que se vuelven imprescindibles. Imponer a los pubescentes modelos anoréxicos, sexo mecánico y autoestima por debajo de cero en la programación infantil. Introducir productos que producen cáncer, diabetes o soriasis. Comercializar productos que dicen que combaten el cáncer, la diabetes o la soriasis sin resultado clínico probado. Colocar preferentes a abuelitos confiados o con las facultades plenamente mermadas. Enchufar a la prima sin riesgo como asesora en el ayuntamiento sin títulos ni presentaciones. Pagar nuestros vicios privados con fondos públicos. Mentir para beneficiar el negocio de un amigo que nos devolverá un favor. Prevaricar o indultar para garantizarnos una jubilación dorada. Importar armas a países en conflicto bajo el eufemismo de ayuda al desarrollo. Mirar en dirección contraria ante la trata de blancas. Encarecer la educación a los chicos de los barrios obreros, no vaya a ser que uno pueda sobrevivir a un hogar desestructurado y convertirse en un genio. Malbaratar el ecosistema y la biodiversidad a cambio del amarre de un yate. Especular con las reservas de alimentos produciendo hambrunas criminales. Invertir el principio de robin hood y, siguiendo los criterios de los expertos económicos, expoliar a los pobres para engordar la gota de los ricos. Cambiar la substancia de la democracia hasta hacer que parezca un cercado para ovejas. Y algunas cosas que no soy capaz de describir y otras que ni me atrevo a imaginar.  
Menudas virtudes de las inteligencias más prácticas de las alimañas que mejor  se desenvuelven en esta espesa jungla nacional donde quieren hacer pervivir el derecho natural donde prevalece sino el más fuerte el menos remilgado.  
No debe extrañar que en este saco de pulgas se mire mal a la manzana sana y se elogie la astucia del que saca más provecho del bolsillo ajeno. Total, todos coinciden en el uso de una doble vara de medir: exigiendo a los demás el cumplimiento estricto de las normas, sacando el provecho de los márgenes de la legalidad en beneficio propio.